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viernes, 24 de mayo de 2013

Ahí, después de la pelea. Lejos.

Y ahí estaba en la tarde, casi anochecer, de un martes 30 de abril a eso de las 6 pm luego de haber participado de una gresca brutal en la que otro perro, un mestizo de tamaño similar a Él, llegó corriendo y comenzó a atacarlo de la nada, o por un motivo que ni el dueño del animal ni yo pudimos determinar.
¡Ay las peleas de perros! ¡Ay, ay!
A modo de anécdota, ese día en el momento del enfrentamiento Toto quiso alejarse -cortar la lucha- pero el otro perro no lo permitió insistiendo en su embestida, ante lo cual mi amigo canino continuó defendiéndose de tales agresiones hasta que finalmente la persona que acompañaba al perro peleador pudo separarlo mediante un griterío y un par de acciones acordes a interferir en la tarea agresiva de su perro.
Toto, Toto... Irresponsabilidades que nos tocan aunque no nos incumban, tales como deficiencias en la educación por parte del humano o agresión pronta y desmesurada por parte del animal.
El perro, ese mismo que agredió a Boro, minutos después continuó generando otras peleas pero afortunadamente nosotros ya nos habíamos alejado de ese sector de la plaza.

jueves, 28 de junio de 2012

Fin de juego abrupto.

Estando en la plaza con mi Boro, mientras lo veía y escuchaba jugar con un par de perros, en un momento que desvío la mirada para pelar uno de los varios chupetines con chicle que saboreo mientras estoy ahí con Él (para pasar el tiempo), y en eso escucho el ladrido de dolor o sorpresa (inconfundible sonido para mi) de mi perro.
Resulta que entre esos perros con los que jugaba muy entretenidamente había una hembra y bueno, debo reconocer que mi Toto es un Latin Lover de la primera hora y ante el hecho de encontrarse con perritas intenta ejercer su accionar de macho si es que ellas andan cercanas al período del celo, y entonces en esta conquista que llevaba a cabo mi amigo, parece que la cansó a su seducida y ésta puso fin a tanta cortesía recibida tirando un ataque para sacárselo de encima.
Jeje! En este tipo de entuerto no me aflijo ni me preocupo o molesto (una vez que puedo darme cuenta de que no ha pasado nada más que ese fugaz encontronazo que es cosa de breves segundos) y sigo con lo mío y a otra cosa.
Así fue que Boro se vino a sentar a mi lado en el banco de plaza, como lo ven en la foto, y todo terminó abruptamente en este atardecer de juegos en la plaza.
Final de la historia.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Siempre me manejo igual.

Siempre recurro a lo mismo ante la agresión de algún perro de un/a dueño/a descuidado/a y en cierta forma imprudente, hacia mi perro; ya que cuando esto sucede, si la agresión llegó a concretarse ya sea en un parque, caminando por una vereda en la que nos cruzamos unos con otros, o donde sea, es porque no se previó (conociendo ambos dueños a sus respectivos perros) que se debían tomar precauciones (al momento de enfrentarse a otro animal) o al menos estar atento.
Yo, por mi parte y con lo afortunado que he sido al tener como compañero canino de vida a mi Boro, no debo tomar ninguna medida de seguridad extra, más que la de estar atento a ver como se desempeñan los perros que se acercan a Él y en todo caso, y si veo que están solos o con un/a dueño/a irresponsable (los calo enseguida -a los dueños- después de tanto tiempo de andar por ahí siempre con mi perro) encargarme yo de que mi perro no se acerque demasiado a ellos o si ya lo hizo, alejarlo cuidadosamente ya que hay un momento de acercamiento en el que hay que ser sumamente delicado con los movimientos (humanos) que se llevan adelante en la separación y alejamiento de perros que se han "encimado" más de la cuenta, esencialmente cuando uno de ellos está en tren de ataque, con o sin motivos.
Boro es un sol, un perro que brilla por su paz, su tranquilidad, su cero agresión y su buena onda con las personas y con los animales de todas las especies, incluidos los gatos; así que sé que de haber algún problema entre perros, si el mío es una de las partes intervinientes, es porque fue atacado de la nada y está tratando de zafar ya que prefiere abandonar la lucha y no seguir la desgastante y agresiva experiencia de la pelea. Y eso, me mata, me hace la persona (el dueño en este caso) más feliz del mundo.
Por eso, y retomando lo que comencé a decir al principio de este relato, siempre recurro a lo mismo ante la agresión de algún perro hacia Boro, que es a terminar lo más pronto y efectivamente posible la riña, no entrar en discusiones con quien lleva la responsabilidad del perro agresor, y sin mediar palabras de mi parte, o las mínimas necesarias y con una sonrisa, alejarme y alejarlo a mi perro de ese lugar que solo remite a algo negativo para mi Boro y para mí.
Por suerte, y dichosamente, para mi, yo siempre soy el dueño del perro pacífico. El dueño de Boro. El dueño de este sol.



miércoles, 18 de abril de 2012

Anteayer. Mal momento propio de perros y... amos.

El otro día, estando en una plaza y teniendo en cuenta que yo carezco del falso prurito sobre que las razas hacen que todos y cada uno de sus perros sean como el general de las razas dejan ver que son algunas de ellas, se acerca un ovejero alemán enorme, hermoso, de un manto (pelaje) espero y bien distribuido en sus colores y gama de manchas y de una elegancia absoluta y el resto de personas (todas mujeres en ese momento) se desesperaron y comenzaron a decir "¡Cuidado con ese perro!!" y "¿De quién es ese perro policía?".
Yo no hice caso y dejé que se acercara a Boro; acto seguido se olieron y ahí quedó todo.
Después de esto me relajé con respecto al hecho de que, de haber notado cierta agresividad en el ovejero alemán (porque sé que en mi Boro no existe agresividad alguna) hubiera quedado alerta para evitar cualquier incidente de este perro cuando se acercara a los otros (perros) que por ahí andaban en ese momento, y fue justo ahí cuando me dejé estar que al mirar para el lado de Boro veo que lo estaba arrinconando junto a una fuente a de agua (el ovejero alemán a mi Boro) con una postura intimidante y que mi perro, nada hacía ya a esta altura; ni responder mis llamados de acercarse adonde yo me encontraba (inútilmente e irresponsablemente lo llamaba ya que de hecho sé que en esos momentos cualquier movimiento en falso como querer abandonar el lugar que ocupa cada perro es motivo para que se desencadene la trifulca canina) y fue así que de un segundo a otro, creo que cuando Boro se dispuso a venir hacia donde yo estaba, el otro perro se abalanzó contra mi labrador y se armó la pelea.
Boro no pelea, no tiene agresividad y no anda buscando pleito nunca, jamás; pero en el caso de ser atacado, como ocurrió en ese momento, obviamente se defiende e intenta zafar de la lucha no sin demostrar bravura y valentía, por supuesto. Y debo decir que ésta fue una de las primeras, sino la primera, de las veces que se impuso y que lo vi defender su vida y porque no la mía ya que me encontraba a escasos metros de Él, con el arrojo y la nobleza de sólo sortear el embate y ante el menor indicio de poder frenar la pelea cuando el dueño (irresponsable dueño [un boludo en realidad] por dejar un perro que busca roña que ande suelto haciendo precisamente eso) pudo quitar a su perro del campo de batalla perruno, se alejó acercándose a mi, Él solito, por motu proprio.
El resultado concreto (que quedó) después de la riña provocada por el perro ovejero alemán, que debería haber estado mejor controlado por su dueño se plasmó en el collar de mi perro Boro que, producto de los ataques de este perro pleitero, se rompió.
En fin, uno de esos malos momentos a los que hago referencia entre otros tipos de momentos en la entrada Nuestros momentos de este mismo blog. También gajes del oficio de tener perros sí, pero no de los que mi Boro y yo estamos acostumbrados a experimentar ya que es nuestra filosofía canina y humana, respectivamente, la de evitar todo tipo de discordia y momentos agresivos en la vida de cada uno de nosotros y por acto reflejo en la vida de todos los demás, perros y humanos, también respectivamente e incluso de ambas partes con respecto a ambas partes también.

viernes, 13 de abril de 2012

Me increparon y nos increparon.

Hace un tiempo atrás, estando con Boro en un parque al que no solemos ir demasiado seguido, una persona del sexo masculino de entre unos 35 y 40 años de edad comenzó a hablarle a Boro, a llamarlo con silbidos, con golpes de manos y demás gestos elocuentes de querer llamar su atención.
En un momento me busca la mirada y en el preciso momento que (me) la encuentra me pregunta por su nombre.
Le digo que se llama Boro y continúa preguntándome cosas (en clara señal de que quería hablar), todas referidas al perro.
En un momento dice algo así como: "Esperá que llevo mis cosas ahí así hablamos más tranquilos" (¿?) y se acerca adonde yo estaba sentado escribiendo una entrada para alguno de mis dos blog, este o De todo como en Botica, con su bicicleta, su mochila y algunas otras cosas que tenía con él.
Esto, todo normal, o bastante común ya que después al hablar con él corroboré (porque me lo dijo expresamente) que muchas veces se sentía solo y que salía, a pesar de no tener ganas, a hacer actividades (deportivas) al aire libre, a leer, o simplemente a pasear para no estar tan solo y poder eventualmente relacionarse con personas como lo estaba haciendo en ese momento conmigo.
Bueno, normal según como se mire esta situación, pero ese no es el tema de esta entrada.
El tema es que en un momento me tiró, producto de ver y escuchar algo que quizás yo habré dicho de Boro en el devenir de una charla sin mayores momentos de relevada importancia, que él creía que yo estaba tratando a mi perro como a un hijo o que le estaba dando ese lugar en mi vida (no lo recuerdo textualmente, aunque si recuerdo la idea de lo que expresó).
¡Para qué! Se metió justo en un tema que yo tengo súper abordado y analizado, y considerando que ya había tenido otras intromisiones, camufladas como pensamientos expresados en voz alta, le expliqué que en primer lugar me parecía descortés o al menos inapropiado exteriorizar esa opinión de una persona teniendo en cuenta que esa persona, es decir yo, era alguien a quien apenas acababa de conocer, si es que se puede usar esta palabra, "conocer", para un intercambio de palabras que nada dejaron en mi y creo (espero) que en él tampoco.
Hacía poco que yo había escrito mi entrada Sumé a Boro a mi vida como compañía, y para dejar de estar solo en la que justo hablo del tema de considerar (o no) al animal que uno tiene por mascota como parte de la familia y darle (o no) el lugar que le corresponde como animal, teniendo en cuenta todo lo que se lo estima y ama; así que reforcé mi idea remitiéndome a esta publicación de mi blog (ahí se enteró que tenía dos blogs ya que le nombré a éste y al otro que cito al comienzo de esta entrada) y después, minutos más minutos menos, la charla fue llegando a su fin porque sinceramente no daba para más.
Y no fue porque no aceptara una opinión que no comparto, para nada, sino porque disentíamos en todos (o casi todos) los pocos temas que tocamos y él, aunque muy cordial y muy halagador por momentos según lo que yo decía de algunos temas, resultó bastante (muy) contrario e inquisidor a todo lo que yo veía bien. Me retrotrajo a otra época escucharlo hablar y opinar "de esto y de aquello". Así como pacato y quedado en el tiempo.
Para terminar recalco que fue cuando me increpó con el tema de Boro y por tal motivo pensé " ¿con qué autoridad me venís a decir esto, chabón?", cuando comencé a dar por terminada mi charla con este desconocido ya que en definitiva nos estaba increpando a los dos, a mi Boro y a mi.