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viernes, 24 de mayo de 2013

Ahí, después de la pelea. Lejos.

Y ahí estaba en la tarde, casi anochecer, de un martes 30 de abril a eso de las 6 pm luego de haber participado de una gresca brutal en la que otro perro, un mestizo de tamaño similar a Él, llegó corriendo y comenzó a atacarlo de la nada, o por un motivo que ni el dueño del animal ni yo pudimos determinar.
¡Ay las peleas de perros! ¡Ay, ay!
A modo de anécdota, ese día en el momento del enfrentamiento Toto quiso alejarse -cortar la lucha- pero el otro perro no lo permitió insistiendo en su embestida, ante lo cual mi amigo canino continuó defendiéndose de tales agresiones hasta que finalmente la persona que acompañaba al perro peleador pudo separarlo mediante un griterío y un par de acciones acordes a interferir en la tarea agresiva de su perro.
Toto, Toto... Irresponsabilidades que nos tocan aunque no nos incumban, tales como deficiencias en la educación por parte del humano o agresión pronta y desmesurada por parte del animal.
El perro, ese mismo que agredió a Boro, minutos después continuó generando otras peleas pero afortunadamente nosotros ya nos habíamos alejado de ese sector de la plaza.

miércoles, 27 de marzo de 2013

Ay gente, ¡¡qué nervios!!

Pude poner una foto de la herida de Boro pero creí de mejor tino
ponernos a nosotros dos en una imagen modificada,
como nos sentimos esta tarde
en nuestra rutina de paseo que se vio así,
modificada, por este altercado. 
Esta tarde en la plaza, un golden retriever y Boro se trenzaron.
¿Motivo? Dominancia entre machos, supongo.
Algo malo y algo bueno dejó esta experiencia totalmente negativa en su conjunto.
Lo malo fueron dos cosas. Primero que por querer cortar la dominancia le puse la correa a Boro y tiré para llevármelo ¡¡ERROR!! y fue ahí donde se armó la gresca ya que nunca debe acercarse el dueño a su perro cuando éste y otro están en el preludio de una posible lucha. Tarde lo recordé, pero en fin, ya estaba hecho. Y segundo que Boro se llevó un rasguño (mordida superficial en realidad) pequeño, en su cuello con la caída (arrancada literalmente para ser más precisos) de pelo en esa zona.
Lo bueno, que ante no haber recordado lo de no acercarse al perro en momentos tirantes entre dos animales, al menos recordé la forma correcta de separarlos y cortar la pelea, que es agarrando por ambas patas traseras a uno de los dos animales (conviene al que uno no conoce ya que al conocido se lo puede manejar con palabras mientras se toma desprevenido al otro) para dejarlo indefenso y mientras tanto ordenarle al otro (al propio en este caso) que se aleje y frene con la agresión.
El caso es que todo resultó. Yo tomé por sorpresa al golden, el cual al instante se dio vuelta a mirar que pasaba y en ese momento que soltó a mi perro le indiqué a Boro que se aleje; acto seguido se alejó y se dio por finalizada la disputa.
Por eso lo aconsejo y me lo aconsejo: Siempre hay que tener presente todos los ítems y consejos que uno va leyendo, escuchando y -en definitiva- aprendiendo sobre el trato con los animales, propios y ajenos, ya que siempre en algún momento nos llegará el tiempo de ponerlos en práctica, no lo duden.
Pero estando o no preparado, igualmente, ay gente, ¡¡que nervios!!
Cosan que a veces pasan, afortunadamente en nuestro caso, casi nunca; pero que cuando se dan, son momentos de tensión y arrebato -humano y animal- que se desea que pasen pronto y no se repitan jamás.

jueves, 31 de enero de 2013

¿Por qué tanta intolerancia? Boro sólo se quiere acercar.

Los dos, tirados en el pasto, después del mal momento narrado.
Pocas personas logran sacarme de mi eje (para definir de alguna manera a ese estado que pasa a ser una forma de ser ideal, según quien la experimente y la lleve adelante en su día a día) y una de ellas, sino la única podría decir en honor a la verdad, es justamente una señora que tiene dos perros labradores que se afanan en jugar con Boro, mi labrador, al igual que Él con ellos.
El caso es que esta mujer, entrada en años aunque no tanto -entre 60 y 65 aprox.- cuando sus perros y mi perro se encuentran y se festejan y hacen las cosas típicas de los perros, se vuelve no menos que impaciente e intolerante ante esta situación. ¿Por qué? Vayan a saber, ya que aunque en alguna oportunidad esbozó fundamentos, que a decir verdad no resultaban para nada valederos, como que uno de esos perros, jugando con otro perro, hace un par de años la había tirado al suelo y quebrado en tres o cuatro partes del cuerpo y que por lo tanto prefería que a ese perro suyo sólo se le acercara el otro perro suyo para evitar problemas. Algo que carece de validez ya que uno puede estarse un poco -o mucho- alejado del perímetro de juegos caninos y no acercarse, como ella hace cada vez que se encuentran nuestros perros, y como obviamente hizo la última vez que se encontraron, ayer miércoles, en esa plaza que durante un tiempo evité frecuentar por el simple hecho de no encontrarme con esta persona ya que ante tanto revuelo (incluido griterío y arrojarle agua a Boro) yo, aunque intento no reaccionar ni alterarme, algo tengo que responder durante el tiempo en el que trato de alejar a mi perro de ese lugar (a veces medio bruscamente con mi buen Boro, producto de la presión ejercida por las quejas de esta persona), así sea únicamente para calmar los ánimos de esta señora, que termina enojada y agrediendo sin más motivo que el de cada encuentro que he comentado.
Y así fue que ayer, como decía, nuevamente me choqué con esta situación en mi vida y luego de alejarme y tranquilizar mi ser, un tanto agitado y confundido por lo vivido, pude tirarme al pasto de otro sector de esa misma plaza a la que vamos con Boro cada tanto, y comenzar a soltar ese feo hecho, a olvidarlo.
Boro, un santo que, como siempre que se lo pido lo hace, se alejó conmigo para desintoxicarnos de esa experiencia desagradable.