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miércoles, 31 de mayo de 2017

Tanto amor...

Tengo que tener siempre presente que en todo momento, ante cualquier adversidad, voy a tener en mi vida el bálsamo y la contención que se traducen en un alivio que redunda en el bienestar espiritual, que significa mi Boro.
Él es una dulzura especial que mi vida absorbe y disfruta plenamente de una manera especial cada vez que siento que los seres humanos me decepcionan en alguno de los aspectos de la vida, además de a cada momento, por supuesto. Indudablemente es una caricia a mi vida entera tenerlo junto a mí y saberlo íntima e inseparablemente unido a quien escribe.
Lo amo. Es una parte esencial de mi vida y de mi levantarme cada día para enfrentar la continua batalla de vivir que no me alcanzará la vida ─la mía─ para agradecer su llegada a mi corazón.
O sí, quizás sí me alcance si lo veo desde el lugar de quien disfruta y agradece el hecho de haber sido bendecido con este amor animal, puro y extremo, dedicando parte de mi vida a profundizar y hacer uso de este regalo que puedo abrazar entre mi pecho y cuidar a cada instante, de manera real, sin demorarme en otra cosa.
GRACIAS A MI BORO. GRACIAS, MI PERRITO ADORADO. TE AMO. SOS IMPORTATÍSIMO EN MI VIDA. SOS PARTE DE MI CORAZÓN.


domingo, 11 de diciembre de 2016

¡Jajajaja!

¡Y pensar que alguna vez
alguien me dijo
que mi mundo era pobre y acotado,
por limitarse ─en gran parte─ al amor hacia mi perro,
hacia mi Boro, no mucho más,
y no tener esas "aspiraciones materialistas"
que todo el mundo tiene!

domingo, 7 de agosto de 2016

Gratitud por tanto amor recíproco. ♥

Siempre, sea donde sea que nos agarre una foto o nos encontremos con alguien, estaremos juntos. Porque nos necesitamos imperiosamente para ir tranquilos por la vida, siempre juntos.
Para ir tranquilos, decía, sabiéndonos el uno al lado del otro sin ninguna otra preocupación, entonces, que la de ir tranquilos; de que si estamos unidos nada más debe preocuparnos.
El amor que nos tenemos mi Boro y yo es tan importante para nuestras vidas, que es algo así como el motor que a mí, por ejemplo, me hace estar seguro de que nada podrá lastimarme verdaderamente mientras pueda encontrar ese refugio y esa calma que mi espíritu necesita y que obtengo al vincularme con Él. Y para Él, el combustible que lo hace vivir plenamente libre de toda tristeza sintiéndose el ser animal más amado, cuidado y valorado sobre la tierra —aquí conjeturo sobre lo que mi perro puede llegar a sentir; pero de sentir algo no dudo que en esencia, básicamente, esto está sintiendo continuamente.
Y es así. Así estamos y seguiremos estando, unidos eternamente gracias a esta impresionante bendición que tenemos los dos, esa que consiste en sentirnos amados y necesitados por la otra parte sin pedir nada cambio pero dando a la vez todo lo que tenemos, a cada momento, en señal de agradecimiento y gratitud por tanto amor.

miércoles, 8 de junio de 2016

​ ¡Qué otra cosa puedo hacer!

Hoy mi felicidad me lleva a escribir nuevamente estas líneas para Él, el dueño de este blog, ¿quién más sino?
Y es que mi amor hacia Boro, y el que puedo asegurar que siento de Él hacia mí, es tan enorme y tan luminoso que siempre viene a determinar mi ser como el de un privilegiado que no puede hacer otra cosa que no sea abrazar esta felicidad que lo —me— envuelve por completo.
Nunca me cansaré de agradecer, y de gritar y volver a gritar ─hacer esto, desde el hecho de crear un blog para comentar la dicha de compartir mi vida junto a mi perro, así como otras tantas expresiones que hago acerca de este hecho son un grito que voy a seguir dando en el mejor sentido de su significado— mi completa satisfacción por haber reparado en el amor de los animales, específicamente de los perros, como ese bálsamo y fortalecedor mágico que yo podía estar necesitando ante cualquier situación que me tocase afrontar en la vida.
Y afortunadamente tuve la feliz idea de contemplar esta posibilidad de vivir con un perro y es por ello que la vida me ha premiado con el mejor de los regalos que disfruto y celebro cada día: éste tenernos incondicionalmente el uno al otro.
Así, sin más, esto es mi vida gracias a mi perro, un camino que sólo sabe de amor y fidelidad y que nunca, pero absolutamente nunca, pasa malos momentos, de tristeza, enojo, rencor, o algún otro tipo de esos sentires feos y mezquinos.
Entonces: ¡qué otra cosa que agradecer el hecho de ser un hombre feliz —sabiendo que tengo a mi lado a un perro feliz— que no cesar ni un instante de comentarlo, proclamarlo, y compartirlo con todos ustedes!

viernes, 25 de marzo de 2016

Él me motiva.

Yo me motivo a escribir especialmente cuando estoy con mi perro en el parque.
Esos anocheceres que paso junto a mi hijo del corazón ─yo tirado en el pasto mientras Él anda husmeando e investigando todo el lugar─ son los mejores momentos del día que tengo y que aprovecho de la manera que surjan, a veces escribiendo, otras simplemente contemplando el lugar y mirando a mi Boro, y otras haciendo absolutamente nada ─pero nada de nada, en serio─ vegetando en el parque, olvidado de todo lo que acontece y me rodea, y cargando mis energías, por supuesto, con esta modalidad off que asumo.
Pero si hay algo que sucede en estos momentos vividos en el parque que hace que logre una total armonía y serenidad en mi cuerpo, en mi mente, en mi corazón, en mi alma y en mi espíritu ─fortaleciéndome por sobre cualquier herida que haya provocado en mí un avatar con el que haya tenido que enfrentarme en algún momento del día o de la semana─ es que me siento absolutamente natural y nada contaminado con el mundo humano, ese que tantas veces tanto mal nos hace en sus distintas facetas.
Es así que el compartir gran parte de mi día ─DE MI VIDA─ con mi perro, y fundamentalmente los atardeceres en el parque, me hace sentir pleno, rearmarme para continuar y seguir adelante, y ser mejor persona, definitivamente.
Por este motivo hoy comparto esta experiencia, que vivo a diario junto a Boro, con quienes lean esta entrada de blog, porque sé que las buenas nuevas siempre hay que compartirlas, porque de nada sirve quedárselas para uno solo y privar quizás a alguien que disfrute, se vea reflejado, o simplemente se alegre de corazón al darse cuenta que hay gente que ─aún hoy en día─ puede disfrutar de la vida con pequeñas, simples y maravillosas cosas de su día a día.

lunes, 7 de marzo de 2016

¿El motivo?

¡¡Qué grande que soy!! ¡¡Y qué feliz me siento!!
¿El motivo?
Bueno, ya se sabe, una imagen vale más que 1000 palabras...



jueves, 25 de febrero de 2016

La magia nos tocó a mi Boro y a mí esta tarde. Créanme que así fue.

Algo maravilloso acaba de pasarnos a Boro y a mí al finalizar la tarde de este jueves. Pero maravilloso realmente.
Estábamos sentados uno junto al otro, en el parque, mientras yo leía a Houellebecq y Él descansaba con estos primeros frescos que estamos sintiendo en este febrero en la ciudad, y una mariposa, increíblemente bella y graciosa en su forma de moverse, nos sobrevoló, a mí frente a la altura de mis ojos planeando y manteniéndose suspendida de una forma única que solo se ve en las películas y a Él sobre su lomo en toda su extensión hasta llegar a su cabeza; primero acercándose a mí en su sobrevuelo y posándose sobre las hojas del libro abierto que tenía en mis manos mientras la observaba, y luego haciendo el recorrido que comenté sobre mi Boro para posarse también sobre su cabeza a la altura de sus orejas y, entonces sí, una vez hecho todo este mágico espectáculo, retomar su vuelo muy tranquila, pasando nuevamente frente a mí, para perderse finalmente en la inmensidad del anochecer.
Cabe agregar que nosotros estábamos sentados en un monumento de esa plaza pública que está muy iluminado, como pueden ver en la fotografía que tomé ni bien ocurrió lo que les cuento, y que por lo tanto esa luz casi excesiva, que servía para que yo pudiese leer a pesar de haber caído la tarde, hizo que este ser volador se viera tan radiante, luminoso y perfecto.
A decir verdad no sé cuáles fueron las causas reales de la grandeza de lo experimentado ni puedo atribuírselas a nada específico, pero sí sé que ese breve instante que no habrá durado más de 10 o 15 segundos me provocó una alegría extraña (de hecho me sonreí, porque lo recuerdo muy claramente) y sentí algo así como si hubiéramos sido mimados mi Toto y yo, o visitados, si se quiere, por algo o alguien muy especial que solo se acercó a nosotros para tocarnos, hacernos sentir bien y seguir su camino. Fue mi pecho el que se emocionó y me hizo sentir lo que les cuento.
Fue hermoso. Realmente no sé si habré podido llegar a describirlo con la total intensidad de lo que representó para mí, y espero que para mi Boro también; pero me encantó vivirlo sin haber estado a la espera de nada esa tarde, y ser capaz de permitirme experimentar este tipo de cosas sin mayores vueltas que las de "si pasan, ¡bienvenidas y bien disfrutadas sean!"

Además, ya se sabe que todo en mi vínculo con Boro es diferente a lo veloz y locamente empedernido que se da todo en el carril de la vida cotidiana, así que no es de extrañar que vivamos juntos, por supuesto, estos regalos que el Universo nos hace, seguramente porque sabe que nos hacen bien y no los dejamos pasar sin prestarles su debida atención.