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domingo, 1 de mayo de 2016

La certeza de tenernos siempre ahí.

Escribo esto con la emoción a flor de piel. ¿Por qué? Porque amo a mi Boro y ése es motivo suficuente para sentirme así. Dicho esto, les cuento que para mí con ver caer la tarde cada día teniendo a mi lado a mi querido perro, alcanza.
Puedo garantizarles que nada tiene más importancia, al menos en esta etapa de mi vida, que verlo feliz a Él y sentir que, por estar junto a mí, compartiendo su vida, no tiene más que saberse el más amado.
Es tan bueno, éste hijo mío del corazón, y es tan inmenso todo lo que Él me da cada día con su presencia y su amor, que no puedo menos que desearle la felicidad más pura y absoluta en todo momento y con todo mi corazón, como muestra de agradecimiento por ser así.
Yo lo amo y Él me ama, y nuestro amor y compañía nos ayudan a ser cada día felices no aspirando a otra cosa que a la plena vida del otro.
Yo pienso que no habría tanta tristeza en el mundo si todos "los tristes" experimentaran la compañía de un animal, fundamentalmente de un perro, que, habiendo llegado a ser domesticado a niveles extremos pudiendo integrarse a la vida humana y haciendo de ambas vidas ─la animal y la humana─ una mejor experiencia sin lugar a dudas, ha llegado a ser de los mejores bálsamos y energizante naturales para esta humanidad tan "enloquecida y entristecida".
Y aquí lo ven, durmiendo en absoluta tranquilidad por saberse cuidado por mí, teniéndome a su lado siempre y pudiendo descansar sin temor a que yo no esté ahí, por tener la certeza de que lo estoy cuidando y amando a cada instante. Algo que es descontado que también hace Él conmigo a cada segundo.
Y así somos y así vamos por esta vida cada día, disfrutándonos y celebrando el hecho de tenernos continuamente.

miércoles, 2 de abril de 2014

No es sensación, es realidad.

Ya lo he dicho alguna vez acerca de que estos días así, feriados o domingos que son los días en los que los fines de semana terminan, son los que más me ubican emocional y espiritualmente al lado de mi Boro debido a que es ahí donde la gente de una familia, o al menos que vive bajo un mismo techo, está reunida en su lugar, "su hogar", siendo este momento aquel donde se sabe quienes son los que están al lado de uno verdaderamente, siempre, y a cada minuto.
Es así que Boro, ese corazoncito que acompaña mi vida en esta etapa de mi camino, es quien está siempre ahí, conmigo, sin separarse ni irse jamás.
Todo esto me emociona y conmueve, feliz y contundentemente, en esta sensación que deja de ser tal para convertirse en la vida misma, la vida nuestra, de mi Boro y yo, de todos los días, de cada momento.
Por este motivo quise volver a transmitir esta bella emoción con ustedes, sabiéndome acompañado, querido, y lo que es más importante aún, valorado por un ser que vive para mó, como yo también para Él, claro. ¡Qué novedad!

martes, 25 de febrero de 2014

Mi Borito.

Mi Borito ha estado conmigo, indudablemente, compartiendo todos los momentos de mi vida desde que ha llegado a ella. Yo valoro que siempre esté de buen ánimo, con las mejores ganas, y con la impronta "a flor de pelaje", siempre.
Por todo esto y por muchas cosas más, por supuesto, es que lo amo con todo mi corazón; y si bien no es lo mejor reforzar este sentimiento cuando uno anda más flojo de espíritu (léase ánimo) es así que me doy cuenta nuevamente de todo esto cuando, se nota, que necesito de Él y me hace tan bien re-descubrir que lo tengo a mi lado.
Lo adoro, y nada es porque sí en esta vida. Mi Boro llegó a mí por esas cosas de la vida también, tan ciertas como necesarias, que deben sucedernos para transformarnos y hacernos ver todo desde otro cristal, el del amor.
Lo amo. ¿Ya lo he dicho? Ah, bueno, no quería que queden dudas. Y por si acaso permítanme una última cosa:
¡¡LO AMO!!

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Solo se trata de elegir.

Viene hacia mí
y la felicidad que se da entre nosotros es mutua.

Boro es quien acompaña, en el real sentido de la palabra, mi vida. Yo elegí formar mi núcleo familiar (para denominarlo de alguna manera) alejándome física y mentalmente de la casa de mis padres para tener mi vida, una vida que sea esta que yo deseo y de la cual soy el real y único artífice.
Y algunas cosas salieron bien, otras muy bien y algunas no tanto. Como todo en la vida, bah.
Pero en lo que respecta a la elección de buscar a mi Toto, búsqueda realizada a conciencia y tan postergada durante mucho tiempo por no considerar otros momentos los oportunos para incorporarlo a mi vida, no tuve mejor acierto que decidirme a llevarla adelante en el tiempo que lo hice, ya que supera la de tantas otras elecciones que tuve que llevar a cabo en este tiempo que llevo viviendo y, por ende, eligiendo.
Boro es una luz que ilumina mi día, a pesar de las tormentas y los contratiempos que puedan aparecer en él. Pase lo que pase yo descanso en saber que Él está y estará conmigo, y entonces ya nada puede preocuparme realmente.
Él me da tanto de su vida, me colma de tanto cariño y sabe estar a mi lado de esa forma casi perfecta que, la verdad, no puedo decir otra cosa que no sea que es un pequeño gran tesoro que tengo la dicha de tener junto a mí.
Las cosas en la vida se dan por algo y todo sucede y tiene su sitio en un determinado momento y lugar porque así tiene que ser. Yo sé que es así y soy de la idea de que las mejores dichas de la vida merecían darse tal y como se han dado. De hecho por eso se han dado.
Y mi perro, representación visible en mi vida de esta premisa que acabo de comentar, es la prueba fiel de que así es. Y yo, gracias a esta prueba fiel, soy feliz, enormemente feliz.
Quizás solo se trate de saber elegir aquello que uno realmente necesita para su vida en el tiempo y contexto justos, y nada más. Quizás sea eso.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Comparto mi tesoro.

Boro vino definitivamente a alegrarme los días, y no porque mis días hubieran estado revestidos de tristeza antes de su llegada sino porque desde que comenzamos a compartir y vivir momentos juntos yo me di cuenta que lo verdaderamente importante es realmente (permítaseme hacer alusión directa al texto de la historia de Antoine de Saint-Exupéry, El Principito) "invisible a los ojos".
Todo cobra otra dimensión cuando se lo pasa por el tamiz del corazón, cuando no se hace ya foco en lo malo y opaco de esta vida como por ejemplo la agresión, la envidia, el enojo, el grito, la maldad y tanta otra cosa fea de la que se hace uso y que viene a deformar el hermoso camino de vivir libre y pacíficamente en este mundo.
Y Boro vino a enseñarme a perder y terminar con todo esto. Él, inconmensurablemente puro y feliz, a la vez que despreocupado y relajado como cualquier otro animal, representa en mi camino esa luz que me muestra que siempre se puede ir por un sendero mejor y más brillante que haga que saque mayor provecho personal mientras lo transito, junto a Él por supuesto, no esperando otra cosa que ser Feliz.
Toto, como lo llamo cariñosamente a mi Boro, es un enorme motivo de felicidad para mi y espero ser yo también algo parecido para Él. Lo amo y su compañía viene a acercarme cada vez más a ese lugar en el que se puede prescindir de todo menos de la necesidad de querer ser siempre mejor, es decir más bueno y sin nada de maldad; una meta constante que cuesta mucho y siempre se está por alcanzar pero que a su vez tanto dignifica en ese metier de alcanzarla.
Por esto, por su infinito valor emocional y afectivo, Boro me hace cada día la persona más feliz que hubiera imaginado ser, y en esta felicidad me expreso, navego, y comparto, haciéndolos partícipes (si les interesa, claro) de tan preciado tesoro. Del de la felicidad hablo, claro, a ese tesoro me refiero; el otro, el de mi Boro, permítanme guardarlo para mi solito.

jueves, 29 de agosto de 2013

Otra forma de compartir y disfrutar.

Con Boro vamos al parque cada vez que el tiempo, y las ganas lo permiten. Las ganas mías, claro, ya que estoy seguro que de ser por Él siempre hay ganas de llegarse hasta ese lugar.
Es así que Toto corre, inspecciona el lugar y husmea por todo el territorio en el que se encuentra y yo lo espero sentado en algún banco, al sol, parado, caminando cerca suyo, o hablando con alguna persona que quizás está en la misma que yo, acompañando a su compañero canino.
Pero a veces no todo es andar y estar en movimiento, tanto para Él como para mi, y es en esos momentos en los que ambos nos quedamos quietos haciendo lo que cada uno desee, aunque siempre cerca y acompañándonos de una forma u otra.
Un ejemplo de ello es la fotografía que da origen a esta entrada de blog en la que se nos puede ver en ese tren de relax total, que por otra parte no impide que sigamos disfrutando de estar al aire libre; donde yo leo una de las tantas revistas que me atraen por sus publicaciones (National Geographic, Muy Interesante, etc.) y Él reposa a mi lado, distendido, bajo la sombra de un árbol. Compartiendo siempre. Disfrutando también.

jueves, 4 de julio de 2013

Afortunados y Elegidos.

Boro, el perro que es el único protagonista de este blog en el que yo vendría a ser el puente secundario entre su vida y todos los que se interesan en conocer y apreciar algo de ella a través de las múltiples facetas en las que la comparto en este mismo sitio, tiene en su ser los más bellos rasgos e instintos de bondad que día a día sigo descubriendo y que me emocionan al saber que en parte de esa manera de ser algo debe contar el trato recibido y el vínculo generado entre Él y yo.
Todo en la vida -dicen algunos- es una serie de sucesos que se van desencadenando para determinar "algo" en determinado tiempo y lugar. Yo creo que, ateniéndome a este criterio, el confluir en un momento exacto de los caminos de un perrito recién nacido -de unos 50 días aproximadamente- y una persona que buscaba la compañía de un ser de esta especie ha sido producto de la magia y de la buena estrella que cada uno, hombre y animal, tiene en su destino esperando activarse para otorgar lo mejor de lo mejor a quien corresponda.
Es así que cada tanto viene a mi la sensación de que justo nos encontramos Boro y yo, y no fue otro perrito el que me invito a mirarlo y a mimarlo para ya nunca más dejar de amarlo y cuidarlo, porque así debía ser. Los dos nos merecíamos. Definitivamente.
La verdad que sí, debía estar escrito en alguna página de la vida que debíamos hallarnos y que era indefectible que yo postergara ese deseo que me acompañaba desde hacía tiempo para llevarlo a cabo en el momento preciso en el que pudiera descubrir a Boro, encontrarlo, y elegirlo (dejándome elegir por Él en realidad), ubicado en un lugar tan distante a mi casa, y después de tanto averiguar y haber visto, buscando y moviéndome para ver que salía de esta búsqueda.
Y sí, reitero, era así; debíamos encontrarnos ese perrito que pasaría a llamarse Boro y esa persona que lo imaginaba y esperaba, o sea, yo. Y era "ese", o mejor dicho "este", el que ven y que acompaña mis días, el que tenía que aparecer ante los ojos de mi corazón. Él y ningún otro. No hay otra.
Por eso, en el redescubrimiento continuo de todas estas cosas es que me sorprendo gratamente una y otra vez, late mi corazón, y se expande mi pecho de emoción en esta interminable dicha y felicidad de sabernos tan afortunados y elegidos, mi Boro y yo, en esta vida.

miércoles, 3 de julio de 2013

La Familia de Boro.

Boro, obviamente que no está solo en la vida.
Me tiene a mi en primer lugar y tiene una pequeña Familia
que siempre lo va a cuidar y va a estar junto a Él para todo lo que necesite.
Siempre. Y Él lo sabe.
Pero de todos modos, me tiene a mi, fijo e incondicional. Y eso también lo sabe.

domingo, 30 de junio de 2013

Con aire de mar.

Nosotros dos, mi Boro y Yo, estemos donde estemos somos felices porque sabemos apreciar, cada uno a su manera y creo que en la justa medida, las cosas buenas de la vida. De hecho esta es una capacidad que en mi se ha desarrollado a partir de que comencé a tomar conciencia de lo que realmente significaba vivir y compartir la vida junto a un ser de luz tan especial como mi Boro y como cualquier animal que ande por allí; ya que esta característica de seres de luz la tienen todos y cada uno de los perritos (y resto de animales) que existen en el mundo.
Por eso, no necesitamos de grandes cosas, más allá de aquellas que signifiquen poder sentirnos plenos y felices, y es así que nos encontremos donde sea que nos encontremos nosotros estaremos disfrutando al máximo cada instante que tenemos la gracia de vivir.
Valoramos todo, y pongo el plural que incluye a mi perro en lo que digo porque sé que es así y que Él experimenta a mi lado todo lo que yo vivo y tengo el privilegio de percibir, y porque luego de más de un lustro de tiempo compartido nos conocemos mucho y somos tan semejantes en este tipo de cosas, esencialmente importantes en la vida, que sé que puedo afirmarlas sin miedo a equivocarme incluyéndolo en todo lo que hace a nuestra forma de vivir la vida.
Estuvimos este último fin de semana largo en nuestra ciudad favorita, Mar del Plata; sí, "nuestra", ya que a Toto le encanta este lugar porque va desde que era cachorro y porque fundamentalmente ama el mar al igual que yo. Por tal motivo les compartimos una foto de algún momento de ese fin de semana luminoso, sereno y marino que vivimos y que teniendo en cuenta aquello que decía al comienzo de esta entrada de que "estemos donde estemos somos felices", imagínense si no lo fuimos allí también teniendo en cuenta los tres componentes que tuvieron, además, estos días a pasos del mar; y hablo de eso que tiñó este tiempo, eso de "luminoso, sereno y marino".

lunes, 17 de junio de 2013

Siempre junto a mi.

Mientras lavo los platos
en algún momento
del fin de semana,
porque también
hay que hacer tales tareas
durante este tiempo,
mi Boro me mira,
sigue cerca mío,
y me hace notar
su presencia junto a mi,
como cada día, como siempre.

martes, 28 de mayo de 2013

Lo agradezco.

Yo agradezco el hecho de haber tomado la firme decisión de tener un perro a mi lado, que se plasmó en el buscar una compañía inseparable -mascota en un primer momento y compañero de vida y de camino después, ahora- que le han dado alegría y amor, mucho amor, a mi vida.
¡¡Qué afortunado fui al animarme a traer a Boro a mi vida; ya no mi mascota, porque ¿qué es eso de mascotas?, sino mi compañero de vida y de camino en el real sentido de la palabra!!

domingo, 19 de mayo de 2013

Compañero de camino.

Siempre que miro hacia un costado, a mi lado va Él; Boro, Toto, o simplemente mi compañero de camino.
Nunca definió tan bien el nombre de una entrada, mi vínculo con Boro y, automática y recíprocamente el de Él conmigo, como lo hace ésta.
Eso somos en este momento de la vida que estamos juntos. Nada más y nada menos que eso.
Siempre estuve esperando tener a alguien a mi lado que viviera por mi y para mi para yo poder responder de igual manera, y con la aparición de mi perro en mi vida esto se dio de cabo a rabo.
Y se dio con la llegada de mi amigo animal porque la vida entre los humanos carece muchas veces de esta entrega de la que hablo.
Esa misma entrega que yo sí puedo dar a otro ser viviente, sea humano o animal, ya que no hay diferencia alguna para el hecho de ser compañía entre unos y otros.
Pero ocurre que en la parte humana no aparece fácilmente esa predisposición para ser en el otro y poder aplicarlo no quedándose en las palabras o en la idea; y en los animales, y específicamente en los perros, bueno..., en ellos no hay más que abrazarse a la vida compartida y junto a uno de esta especie para saber que sólo es eso -vivir en el otro como parte de la única felicidad posible- lo que quieren.
Por eso, con Toto esperando en una esquina tan hermoso y educado, defino visualmente lo que Él es en este lapso de tiempo eterno y brillante que vivimos juntos en esta vida, para mí.
Él me acompaña y está a mi lado, como se lo ve, a cada paso que doy. Algo que me reconforta y me hace sentir muy valorado en la vida.
Y nosotros vivimos este momento en nuestro ahora, y esto somos ahora; dejándonos absolutamente tranquilos, satisfechos y felices todo esto de ir juntos por la vida. De ir, nunca tan bien expresado, a la par.

lunes, 29 de abril de 2013

Pequeños guiños que sólo nosotros conocemos.

Si yo acompaño tanto a Boro en muchos momentos y de muy buena gana en diversas cosas que hace o que sencillamente hacemos los dos a lo largo de cada día, también cada tanto -como puede verse en esta foto- me quedo a su lado mientras come.
Él come sin necesidad de tenerme ahí cerca suyo, por supuesto, pero resulta que cuando me quedo allí parado y comienza a comer, si me voy a algún otro lugar de la casa, entonces en ese caso sí deja de hacerlo y campanea buscando con la mirada a ver por donde ando, para seguir comiendo cuando me ve llegar a su lado nuevamente. Si después de unos instantes no aparezco en la cocina (sitio del departamento donde come) pero me ve, de todos modos sigue comiendo, aunque sé que prefiere, porque lo demuestra continuando raudamente con su ingesta, que yo vuelva a aproximarme a Él.
En fin, costumbres de Boro, y a esta altura, costumbres mías también. Costumbres de nuestro vínculo y pequeños guiños que sólo nosotros dos conocemos. Es decir, sólo nosotros, y ahora ustedes también.