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martes, 7 de junio de 2016

Los dos estamos más grandes, es cierto, y afuera hace tanto frío..

Tengo que aprender a reconocer los nuevos tiempos de mi Boro adulto, de más de ocho años, que en lugar de salir todo el tiempo a la calle, principalmente en épocas de frío como las que estamos atravesando en estos meses, prefiere seguir durmiendo en el sillón, acurrucado en su almohadón de lana, antes que salir corriendo cuando yo le doy muestras de hacer "movimientos previos a una salida" ─ponerme un abrigo, agarrar la billetera, tomar las llaves de casa, ponerle el collar, etc.─
Es que mi amado Boro, si bien no es un perro viejo, ya está en tiempo de decidir para su vida ese cambio de rutinas, con respecto a las que venimos arrastrando de otros tiempos cuando Él era un cachorro; y si bien debo reconocer que esta transición de etapas me moviliza un poco porque siento que ─como todos en la vida─ va creciendo y haciéndose más y más grande también ésto me hace dar cuenta que mi amor por Él también crece a esa misma ─o mayor─ velocidad.
Es así, yo también crezco pero ya sabemos que la vida canina dista mucho de emparejarse con la longitud de la humana y es ahí donde este tipo de cambios que se van dando sobre las necesidades e improntas del animal son marcadas y me llevan a la reflexión.
Que yo espero tenernos muchísimos años más y disfrutarnos y amarnos como lo venimos haciendo hasta ahora, de eso no hay dudas y no dudo que así será. Nosotros dos, mi Boro y yo, nos necesitamos y tenemos que nutrirnos uno del otro todavía mucho tiempo más para que cuando, algún día lejano, debamos separarnos en este camino terrenal, podamos hacerlo sin reclamar nada a nadie ni a nada porque fue nuestro tiempo un inmejorable momento que pudo ser disfrutado hasta el arrobamiento y por eso solo asumir la postura de agradecer por tal motivo. 
Los dos estamos más grandes, es cierto, y afuera hace tanto frío...

miércoles, 27 de abril de 2016

Volvimos a esa placita diferente.

En un instante de ese domingo, de regreso en
la pequeña Plaza Cataluña.
Este atardecer del domingo pasado, 24 de abril de 2016, volvimos después de más de un año a una plaza pequeña ubicada a la vera de la avenida 9 de Julio, en Buenos Aires, nuestra ciudad, mi Boro y yo.
Y regresamos, luego de transcurrido tanto tiempo de no visitarla, porque entre molestias a la patita de Toto que el año pasado se hicieron frecuentes ─luego de un veraneo en el que forzó por demás su rodilla derecha─, fiaca para llegarnos hasta este lugar que queda a más de 20 cuadras de casa, costumbres que se van modificado temporalmente con respecto al camino elegido a recorrer en nuestras salidas diarias (las que hacemos cada atardecer/anochecer Él y yo), y algunos otros componentes de "éste no visitar" la pequeña Plaza Cataluña, porque se ve que sentimos ganas de hacerlo y una cosa fue llevando a la otra hasta que en determinado momento ya estaba todo dado para acercarnos hasta ahí.
A Boro le encanta este recorrido que nos aleja de todo y nos ubica en esta plaza en la que, por estar ─repito─ pegada a la avenida más ancha del mundo siendo a la vez ésta (la plaza) tan pequeña, uno experimenta al estar en ella que se encuentra en algo así como un pedacito de tierra que es ajeno a la ciudad, y a las calles y avenidas que la circundan, quedando suspendida (el lateral que da hacia la 9 de Julio queda elevado sobre una ladera pequeña, pero superior en altura con respecto a la avenida, al fin) y siendo, al menos para nosotros (para mí y, al sentir todo tan a la par con mi perro, asumiría que para Él también), un recinto especial y diferente al resto de plazas, parques y lugares de nuestra ciudad.
Y este domingo pasado, volvimos. Y lo disfrutamos porque sabemos que hace tiempo que deberíamos habernos acercado a este lugar, aunque por motivos ya comentados, y otros que ni siquiera nosotros imaginamos, estuvimos retrasando bastante este momento.
Momento especial, por cierto, como todos los que vivimos juntos mi perro y yo. Por tal motivo quise compartirlo con quienes lean esta entrada de blog, o mejor dicho quisimos compartirlo, porque este blog es de Boro y yo solo oficio de mero puente o intermediario entre 
Él ─el protagonista y rey de este sitio web─ y quienes por aquí pasen, lean y disfruten de nuestra vida compartida y reflejada en estas letras.
Espero que disfruten entonces, con la lectura de este momento de nuestras vidas juntas, al menos una pizca de lo que hemos disfrutado Boro y yo esa tarde de domingo de otoño. También, como siempre, juntos.

miércoles, 31 de julio de 2013

Feliz de ir al parque.

Él y yo.
Felices los dos.
Porque tengamos en cuenta
que de no ser así
y de representar
una desventura o algo triste,
ir a la plaza o al parque,
dejaríamos de hacerlo;
definitivamente.
Todo en nuestro vínculo,
y aquello
que se desprende de él,
es para Felicidad
y sólo para Felicidad.

viernes, 7 de junio de 2013

En movimiento.

El movimiento de su cola es felicidad.
Estar en el parque significa para Él felicidad.
Boro es felicidad.

domingo, 2 de junio de 2013

jueves, 30 de mayo de 2013

En Bond Street lo podrán ver.

Si nos quieren encontrar fácilmente lléguense hasta las Galerías Bond Street; ahí, sobre la avenida Santa Fe al 1.600, donde solemos encontrarnos cada tanto cuando las plazas y las calles nos agobian un poco y queremos más interacción urbana con el entorno en nuestra salida larga
de cada día.
Allí lo encuentran.
Seguro.

domingo, 26 de mayo de 2013

Inspeccionando el terreno.

Así sean bajadas express
de cortísima duración
Boro siempre
se va a tomar su tiempo
investigando todo
lo que encuentre a su paso,
por más que los lugares
que inspeccione cuidadosamente
sean conocidos y repetidos
en sus salidas diarias.
Él siempre encuentra
motivos de búsqueda
y olfateo. Siempre.

martes, 21 de mayo de 2013

En las tardes frías el sol está en nosotros.

Boro, mi amigo fiel, es un perro muy obediente e inteligente; y como cada vez oscurece más temprano en estos días de otoño, sabe que muchas veces pocas horas de luz (de sol) llegamos a aprovechar en la salida larga que hacemos diariamente cada atardecer.
En otras épocas del año, primavera y verano específicamente, salimos tranquilos porque es un hecho que a veces hasta regresamos cuando aún ni se ha puesto el sol, pero ahora -reitero- es muy poco lo que lo aprovechamos en esta salida.
Y es así que Toto pasa parte de esas horas de sol adentro del depto., solito, y cuando yo llego parece que nada de esto lo ofende ni enoja ya que es tal su alegría exterior al verme que sólo me demuestra que es feliz y celebra mi llegada también interiormente.
Por eso salimos, aunque poco quede de ese sol que tanto nos gusta a ambos, porque en definitiva el hecho es pasear y caminar y porque además de todo los dos sabemos que el sol que ilumina nuestras vidas está en cada uno de nosotros y en la respectiva compañía que ambos nos prodigamos.

viernes, 19 de abril de 2013

Nos entendemos taaanto.

Tanto nos conocemos y entendemos en nuestras salidas y costumbres cotidianas con lo que hacemos o dejamos de hacer en ellas, que es un ejemplo de esto el hecho de que si Boro mientras estamos abandonando el parque rumbo a casa se sube a un banco de plaza (de esos finitos con 2 maderas como asiento en los que de sentarse solo se caería para uno u otro lado) y me mira, basta para que yo me de cuenta de lo que me está diciendo y quiere hacer en ese momento y, acto seguido, deba sentarme y contenerlo con mis manos y/o piernas para que pueda permanecer allí sentado junto a mi, por supuesto, y sin caerse al piso. Como les decía, es que nos entendemos taaanto.

sábado, 6 de abril de 2013

Somos constantes.

Mi Boro y yo somos recurrentes en paseos y visitas al parque. En primer lugar porque después de todo no nos queda otra, y luego porque en algún momento del día tenemos que hacer esa salida larga que nos lleve hasta alguno de estos lugares abiertos y verdes, dónde Él puede correr, disfrutar del espacio natural y distraerse haciendo lo que se le antoje.
También somos reiterativos en tomarnos fotos. Mejor dicho -hablaré con propiedad y sin metáforas risueñas en este momento- el reiterativo soy yo y en todo caso Él cae en la volteada (en la fotografía) y por tal motivo lo incluyo, como suelo hacerlo generalmente, en todas las decisiones que llevo adelante; pero queda claro que, obviamente, el reiterativo en este aspecto soy yo. Pura y exclusivamente yo.
En fin, el tema es que somos repetitivos en estas dos cosas, sí; y como son cosas buenas que no molestan a nadie y que además a nosotros nos hacen bien y nos gustan, seguiremos siéndolo porque no hay inconveniente alguno en ello.
Acá, en la imagen, y fundamentando nuestra repetición, se nos puede ver reiterando los paseos y las fotos. Hasta la próxima entrada, amigos.

viernes, 15 de marzo de 2013

Comienza a sentirse.

Los atardeceres comienzan a sentirse más frescos y la gente comienza a desaparecer de las plazas cada vez más temprano, incluidos mi Boro y yo.
A veces, solemos quedarnos un rato más y finalmente nos vamos porque ya se hizo de noche, no hay perritos para jugar y hace frío. Justo como en esta foto que pueden ver aquí.

miércoles, 13 de marzo de 2013

En armonía y total felicidad.

Estamos hoy acá, mañana allá; en varios puntos de la ciudad. Indefinidamente.
Sucede que no tenemos paradero fijo o determinado, en lo que hace a nuestras salidas. Por eso lo de "hoy acá, mañana allá".
Siempre los dos, claro, porque sucede que estoy hablando de las salidas que hacemos en la tardecita con la puesta del sol mi Boro y yo, donde caminamos algunas cuadras (muchas) y llegamos hasta alguna plaza y..., en fin, historia conocida para quien ya ha leído al menos una o dos (o tres) entradas de este blog.
Acá o allá, decía; y sí, es cierto. Más aunque vayamos cambiando de lugar, siempre somos nosotros dos, en armonía y en total felicidad. Ambas compartidas.

martes, 12 de marzo de 2013

Boro peatón.

Es un duque, un Sr. Perro, va a mi lado, en la ciudad que sea donde nos encontremos, caminando y respetando a rajatabla las premisas inculcadas por mi y aprendidas por Él, de que a la calle se baja sólo para cruzar y que el lugar para moverse es la vereda.
Cosas como éstas, verlo desempeñarse tan bien y relajadamente junto a mi, me pueden, realmente me pueden.

viernes, 8 de marzo de 2013

Por siempre mimado.

Y ahí está mi Boro,
siempre cariñoso y solicitado por los diferentes grupos de personas a los que Él acude encantado para ser mimado.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Viajar.

A Boro le encanta viajar. Es un viajero con todas las letras. Disfruta cada destino al que llega, como quien llega a "ese" lugar que siempre quiso visitar.
Se banca los viajes, más o menos largos según los destinos que visitemos, y es un placer verlo sentado en el asiento trasero del auto. Eso sí, ese asiento es absolutamente suyo y todo ese espacio está destinado para Él.
Acá, se lo puede ver en uno de los viajes que hemos hecho, andando por caminos rurales y oliendo y observando el campo que teníamos a nuestro alrededor; paisaje muy bello e inspirador por cierto, que me motivó a fotografiarlo, al verlo asomarse.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Refresco de una tarde calurosa.

Se cansa mucho y más rápido que en otras épocas, en éstas, las de calor; por eso siempre trato de que tenga un poco de agua fresca cerca para que se hidrate y no tenga tanta sed, producto de andar jugando bajo el sol en días con altas temperaturas.

lunes, 20 de agosto de 2012

Ama andar callejeando.

Es de las cosas que más le gusta a Boro el hecho de salir a pasear y andar por ahí recorriendo calles, plazas y lugares, siempre que se pueda.
Poco pide a cambio.
Sólo reclama, además de comida y amor, los paseos. Y es tanto lo que da que es un placer sacarlo siempre que sea posible.

martes, 14 de agosto de 2012

Nada de monotonía.

Vamos recorriendo plazas que si bien son siempre las mismas, o casi siempre las misma, son aquellas que solemos frecuentar por encontrarse dentro del radio que abarca nuestra salida a pie, que si bien es amplio y muchas veces se extiende más allá de las fronteras de nuestro barrio, en lineas generales ya fue recorrido muchas veces en estos 4 años y medio que llevamos juntos Boro y yo.
Por tal motivo cada visita a una plaza es para nosotros algo nuevo ya que siempre vamos en horarios diferentes y además, cada visita es una experiencia en sí misma y por este motivo no puede ser nunca considerada igual a las demás, ni en su estilo ni en su escenografía, que en este caso viene a ser la plaza que oficie de lugar al que lleguemos, a jugar, oler y recorrerla Boro, y a sentarme, estar distendido y esperar a que mi perro disfrute de su paseo, yo.
Disfrutamos y redescubrimos siempre los paseos con Boro. Todo es nuevo cada día con Él. Nada nunca se vuelve monótono.

sábado, 11 de agosto de 2012

Las plazas por la noche.

Borito descansando en una plaza, en alguna noche de Buenos Aires.
Tienen su encanto, es cierto, y principalmente en noches de verano o al menos de días cálidos aunque sea en otras épocas del año.
A Boro y a mi nos suele agarrar la noche en alguna plaza cuando salimos más tarde que de costumbre a dar el paseo largo de cada día -principalmente en esta época del año donde oscurece más temprano- y siempre que así nos sucede, no le escapamos a la noche y disfrutamos de nuestro paseo también ahí, ya que el momento del día, si bien es muy diferente ya sea diurno o nocturno, para nosotros dos es un poco irrelevante porque lo verdaderamente importante, tanto para Él como para mi, es estar juntos y compartiéndolos.