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miércoles, 31 de mayo de 2017

Tanto amor...

Tengo que tener siempre presente que en todo momento, ante cualquier adversidad, voy a tener en mi vida el bálsamo y la contención que se traducen en un alivio que redunda en el bienestar espiritual, que significa mi Boro.
Él es una dulzura especial que mi vida absorbe y disfruta plenamente de una manera especial cada vez que siento que los seres humanos me decepcionan en alguno de los aspectos de la vida, además de a cada momento, por supuesto. Indudablemente es una caricia a mi vida entera tenerlo junto a mí y saberlo íntima e inseparablemente unido a quien escribe.
Lo amo. Es una parte esencial de mi vida y de mi levantarme cada día para enfrentar la continua batalla de vivir que no me alcanzará la vida ─la mía─ para agradecer su llegada a mi corazón.
O sí, quizás sí me alcance si lo veo desde el lugar de quien disfruta y agradece el hecho de haber sido bendecido con este amor animal, puro y extremo, dedicando parte de mi vida a profundizar y hacer uso de este regalo que puedo abrazar entre mi pecho y cuidar a cada instante, de manera real, sin demorarme en otra cosa.
GRACIAS A MI BORO. GRACIAS, MI PERRITO ADORADO. TE AMO. SOS IMPORTATÍSIMO EN MI VIDA. SOS PARTE DE MI CORAZÓN.


domingo, 12 de marzo de 2017

¡Fuera dolor! ¡No te queremos cerca nuestro!

En plena sesión de acupuntura.
La vida de quienes amamos y ocupan "el lugar" de privilegio dentro de nuestra consideración se vuelve un factor decisivo a la hora de estar bien ─uno─ o no estarlo.
¿Y por qué digo esto para dar comienzo a esta entrada del blog de mi hijo del corazón, luego de un tiempo prolongado de no hacer ningún aporte al mismo? Porque en estos momentos ─por estos días─ mi perro llamado Boro (aclaración válida para quienes llegaran a leer por primera vez este blog y conocieran en este momento a mi compañero animal de vida), al que cariñosamente también llamo ─y llaman quienes me conocen y lo conocen─ Toto, anda un poco abatido por un dolor cervical; y entonces yo siento que todo a mi alrededor deja de ser óptimo aunque yo ─afortunadamente─ me encuentre muy bien, no logrando entonces llegar a disfrutar de nada a pleno teniendo la certeza continua de que mi can no se encuentra del todo bien.
Es muy grande el amor que siento por mi perro y es por eso que no puede pasarme desapercibido, ni como algo más, su dolor y su sufrimiento, aunque yo trate de hacer todo lo posible ─lo que esté a mi alcance─ para darle curso a la erradicación definitiva de ese malestar; ya sea remedios calmantes o lo que indicara el médico veterinario, en su momento, o terapia de acupuntura y fisioterapia, actualmente; todas cosas que ni aun así logran distenderme y hacerme dar por enterado que estoy haciendo lo correcto, eso que mi Toto merece.
Él es tan bueno, tan obediente, y tan cariñoso y apegado conmigo que todo lo que pueda estar restándole bienestar a su calidad de vida cotidiana me repercute en forma directa y contundente a mi también. Si yo pudiera ─sin exagerar─ haría que cualquier dolor o sufrimiento que él tuviese que atravesar lo atravesara yo en su lugar para que él pueda seguir feliz, disfrutando de su vida. Así lo siento internamente, porque este angelito que me acompaña cada día, desde hace más de nueve años, provoca ─sin proponérselo, por supuesto─ todo esto en mí.
Si lo veo mal, o al menos no tan pleno como es en su día normal ─cuando no tiene ninguna dolencia─ yo realmente me siento muy triste. Y sé que es algo natural que me pase así ya que todos los que tienen un compañero de cuatro patas como el mío a su lado, y saben lo que esto significa, ante una disminución (por más pequeña que sea) de la comodidad y el confort de su amigo deben experimentar de alguna manera lo mismo que yo vivo por estos días.
Es decir, sé que no son problemas mayores ─palabras de boca de los veterinarios que lo han visto─ pero él no está cómodo en sus salidas y breves ─por este tiempo─ caminatas cotidianas y por tal motivo eso basta para que yo esté preocupándome constantemente hasta que no vea una mejoría, básicamente en su caminar.
Sé ─lo deseo y espero con toda las fuerzas de mi corazón y de mi amor─ que él irá mejorando de a poco ahora que ha comenzado con las terapias alternativas que tan bien les han hecho a otros perritos conocidos y que en mi Boro van a surtir similar o igual efecto. Sólo es cuestión de tiempo para que los tratamientos puedan provocar sus resultados y la mejoría sea evidente exteriormente; aunque de todos modos con tener un pequeño indicador de que él internamente ya se siente bien cualquier cosa externa que pueda modificarse (teniendo en cuenta la edad que se va sumando a los años de vida de mi perro) me tiene sin cuidado y será algo que incorporaremos y aceptaremos como propio en esta nueva etapa de su vida; por ejemplo un caminar más pausado, más sereno y más acorde a un perro que se hace más grande, y no uno, quizás, tan atolondrado y enérgico como el que ha venido manteniendo hasta ahora. No sé, son sólo conjeturas que vienen a mi mente en este momento de espera de esa pronta mejoría donde, en cierto punto, no puedo hacer otra cosa más que aventurarme, con la mejor energía, a entender y aceptar las señales del paso del tiempo.
Deseaba compartir este pesar y a la vez esta esperanza de que todo esto pase pronto porque compartiendo ─se sabe─ se alivian las aflicciones y malestares espirituales y del alma, y como en este lugar siempre hemos compartido momentos hermosos y brillantes de mi Boro y yo, propios de la mejor etapa que hasta ahora hemos venido atravesando, hoy, en esta nueva etapa que quizás no sea tan diferente a la anterior pero en la que la edad va aportando nuevas modalidades de continuar en el camino, me pareció absolutamente oportuno compartir también este compungido episodio de nuestra vida compartida que estamos viviendo.
Siempre juntos, siempre amándonos y cuidándonos; así estamos. Como decía, sé que esto pasará pronto y por tal motivo, al compartirlo ahora, me servirá para más adelante, al releerlo, saber que es parte de la vida también atravesar momentos no tan brillantes que vengan a ser, una vez superados, sin ninguna duda los que nos permitan disfrutar, valorar y vivir más plenamente el regreso de los luminosos, dichosos y placenteros días de vivir sin preocuparse por otra cosa que no sea el hecho de tenernos el uno al otro.

domingo, 11 de diciembre de 2016

¡Jajajaja!

¡Y pensar que alguna vez
alguien me dijo
que mi mundo era pobre y acotado,
por limitarse ─en gran parte─ al amor hacia mi perro,
hacia mi Boro, no mucho más,
y no tener esas "aspiraciones materialistas"
que todo el mundo tiene!

lunes, 19 de septiembre de 2016

Hoy, en el día de mi cumpleaños...

Tengo la fortuna de tener en mi vida a Boro y eso ya lo dice todo; para mí lo dice todo, claro, pero entiendo que si no deseo que esto quede solo en mí, y que por el contrario se extienda a cuantas más personas sea posible (y que todas estas personas lo entiendan), debo fundamentar un poco al menos mi expresión.
Mi compañero canino es un ángel que vive para darme su amor y su entrega absoluta a pesar de todos los obstáculos que yo, como ser humano en esencia, le pueda poner en el camino de nuestra convivencia.
Yo entendí que El vive por mí y para mí, puesto que hemos llegado a un punto en nuestro compartir en el que tanto nos conocemos y amamos, que yo sé que Él cambiaría todo (si tuviese que elegir y pudiera expresarlo formalmente) por mí, y esto incluye paseos, parques, perritos y perritas con quienes socializar, y hasta comer y hacer cualquier acto básico de subsistencia. No me enorgullece esto, en definitiva, porque sé que si yo le faltara Él no haría nada más para seguir adelante porque es tal la dependencia que tiene por parte de mi ser que solo puede disfrutar de algo más (sea lo que sea) si estoy yo a su lado o me sabe "por ahí", cerquita.
Y en lo que a mí respecta soy un dependiente absoluto y consciente de mi perro ahora que sé que puedo y que es el momento para poner en práctica este absoluto apego que se acerca (podría decir sin miedo a equivocarme: que se iguala) al de cualquier persona ─cualquier padre─ con su hijo, es decir con un ser de su familia que está bajo su cuidado y depende de él, y principalmente de su amor y de su protección, para ser feliz y desarrollarse plenamente.
Por eso, ahora que nos tenemos, y que juntos vamos por la vida disfrutándonos sin ningún reparo ni limitación, siento que soy bendecido diariamente con este regalo, para mí el más hermoso y valioso de todos los que pudiera recibir, que me ha sido dado, y que hoy, día de mi cumpleaños ─dicho con total sinceridad─, no me hace esperar ni desear recibir algo específico porque se que si bien todo será agradecido de corazón yo ya tengo el presente que más quiero y necesito. ♥

domingo, 7 de agosto de 2016

Gratitud por tanto amor recíproco. ♥

Siempre, sea donde sea que nos agarre una foto o nos encontremos con alguien, estaremos juntos. Porque nos necesitamos imperiosamente para ir tranquilos por la vida, siempre juntos.
Para ir tranquilos, decía, sabiéndonos el uno al lado del otro sin ninguna otra preocupación, entonces, que la de ir tranquilos; de que si estamos unidos nada más debe preocuparnos.
El amor que nos tenemos mi Boro y yo es tan importante para nuestras vidas, que es algo así como el motor que a mí, por ejemplo, me hace estar seguro de que nada podrá lastimarme verdaderamente mientras pueda encontrar ese refugio y esa calma que mi espíritu necesita y que obtengo al vincularme con Él. Y para Él, el combustible que lo hace vivir plenamente libre de toda tristeza sintiéndose el ser animal más amado, cuidado y valorado sobre la tierra —aquí conjeturo sobre lo que mi perro puede llegar a sentir; pero de sentir algo no dudo que en esencia, básicamente, esto está sintiendo continuamente.
Y es así. Así estamos y seguiremos estando, unidos eternamente gracias a esta impresionante bendición que tenemos los dos, esa que consiste en sentirnos amados y necesitados por la otra parte sin pedir nada cambio pero dando a la vez todo lo que tenemos, a cada momento, en señal de agradecimiento y gratitud por tanto amor.

miércoles, 8 de junio de 2016

​ ¡Qué otra cosa puedo hacer!

Hoy mi felicidad me lleva a escribir nuevamente estas líneas para Él, el dueño de este blog, ¿quién más sino?
Y es que mi amor hacia Boro, y el que puedo asegurar que siento de Él hacia mí, es tan enorme y tan luminoso que siempre viene a determinar mi ser como el de un privilegiado que no puede hacer otra cosa que no sea abrazar esta felicidad que lo —me— envuelve por completo.
Nunca me cansaré de agradecer, y de gritar y volver a gritar ─hacer esto, desde el hecho de crear un blog para comentar la dicha de compartir mi vida junto a mi perro, así como otras tantas expresiones que hago acerca de este hecho son un grito que voy a seguir dando en el mejor sentido de su significado— mi completa satisfacción por haber reparado en el amor de los animales, específicamente de los perros, como ese bálsamo y fortalecedor mágico que yo podía estar necesitando ante cualquier situación que me tocase afrontar en la vida.
Y afortunadamente tuve la feliz idea de contemplar esta posibilidad de vivir con un perro y es por ello que la vida me ha premiado con el mejor de los regalos que disfruto y celebro cada día: éste tenernos incondicionalmente el uno al otro.
Así, sin más, esto es mi vida gracias a mi perro, un camino que sólo sabe de amor y fidelidad y que nunca, pero absolutamente nunca, pasa malos momentos, de tristeza, enojo, rencor, o algún otro tipo de esos sentires feos y mezquinos.
Entonces: ¡qué otra cosa que agradecer el hecho de ser un hombre feliz —sabiendo que tengo a mi lado a un perro feliz— que no cesar ni un instante de comentarlo, proclamarlo, y compartirlo con todos ustedes!

martes, 7 de junio de 2016

Los dos estamos más grandes, es cierto, y afuera hace tanto frío..

Tengo que aprender a reconocer los nuevos tiempos de mi Boro adulto, de más de ocho años, que en lugar de salir todo el tiempo a la calle, principalmente en épocas de frío como las que estamos atravesando en estos meses, prefiere seguir durmiendo en el sillón, acurrucado en su almohadón de lana, antes que salir corriendo cuando yo le doy muestras de hacer "movimientos previos a una salida" ─ponerme un abrigo, agarrar la billetera, tomar las llaves de casa, ponerle el collar, etc.─
Es que mi amado Boro, si bien no es un perro viejo, ya está en tiempo de decidir para su vida ese cambio de rutinas, con respecto a las que venimos arrastrando de otros tiempos cuando Él era un cachorro; y si bien debo reconocer que esta transición de etapas me moviliza un poco porque siento que ─como todos en la vida─ va creciendo y haciéndose más y más grande también ésto me hace dar cuenta que mi amor por Él también crece a esa misma ─o mayor─ velocidad.
Es así, yo también crezco pero ya sabemos que la vida canina dista mucho de emparejarse con la longitud de la humana y es ahí donde este tipo de cambios que se van dando sobre las necesidades e improntas del animal son marcadas y me llevan a la reflexión.
Que yo espero tenernos muchísimos años más y disfrutarnos y amarnos como lo venimos haciendo hasta ahora, de eso no hay dudas y no dudo que así será. Nosotros dos, mi Boro y yo, nos necesitamos y tenemos que nutrirnos uno del otro todavía mucho tiempo más para que cuando, algún día lejano, debamos separarnos en este camino terrenal, podamos hacerlo sin reclamar nada a nadie ni a nada porque fue nuestro tiempo un inmejorable momento que pudo ser disfrutado hasta el arrobamiento y por eso solo asumir la postura de agradecer por tal motivo. 
Los dos estamos más grandes, es cierto, y afuera hace tanto frío...

jueves, 2 de junio de 2016

domingo, 1 de mayo de 2016

La certeza de tenernos siempre ahí.

Escribo esto con la emoción a flor de piel. ¿Por qué? Porque amo a mi Boro y ése es motivo suficuente para sentirme así. Dicho esto, les cuento que para mí con ver caer la tarde cada día teniendo a mi lado a mi querido perro, alcanza.
Puedo garantizarles que nada tiene más importancia, al menos en esta etapa de mi vida, que verlo feliz a Él y sentir que, por estar junto a mí, compartiendo su vida, no tiene más que saberse el más amado.
Es tan bueno, éste hijo mío del corazón, y es tan inmenso todo lo que Él me da cada día con su presencia y su amor, que no puedo menos que desearle la felicidad más pura y absoluta en todo momento y con todo mi corazón, como muestra de agradecimiento por ser así.
Yo lo amo y Él me ama, y nuestro amor y compañía nos ayudan a ser cada día felices no aspirando a otra cosa que a la plena vida del otro.
Yo pienso que no habría tanta tristeza en el mundo si todos "los tristes" experimentaran la compañía de un animal, fundamentalmente de un perro, que, habiendo llegado a ser domesticado a niveles extremos pudiendo integrarse a la vida humana y haciendo de ambas vidas ─la animal y la humana─ una mejor experiencia sin lugar a dudas, ha llegado a ser de los mejores bálsamos y energizante naturales para esta humanidad tan "enloquecida y entristecida".
Y aquí lo ven, durmiendo en absoluta tranquilidad por saberse cuidado por mí, teniéndome a su lado siempre y pudiendo descansar sin temor a que yo no esté ahí, por tener la certeza de que lo estoy cuidando y amando a cada instante. Algo que es descontado que también hace Él conmigo a cada segundo.
Y así somos y así vamos por esta vida cada día, disfrutándonos y celebrando el hecho de tenernos continuamente.

viernes, 25 de marzo de 2016

Él me motiva.

Yo me motivo a escribir especialmente cuando estoy con mi perro en el parque.
Esos anocheceres que paso junto a mi hijo del corazón ─yo tirado en el pasto mientras Él anda husmeando e investigando todo el lugar─ son los mejores momentos del día que tengo y que aprovecho de la manera que surjan, a veces escribiendo, otras simplemente contemplando el lugar y mirando a mi Boro, y otras haciendo absolutamente nada ─pero nada de nada, en serio─ vegetando en el parque, olvidado de todo lo que acontece y me rodea, y cargando mis energías, por supuesto, con esta modalidad off que asumo.
Pero si hay algo que sucede en estos momentos vividos en el parque que hace que logre una total armonía y serenidad en mi cuerpo, en mi mente, en mi corazón, en mi alma y en mi espíritu ─fortaleciéndome por sobre cualquier herida que haya provocado en mí un avatar con el que haya tenido que enfrentarme en algún momento del día o de la semana─ es que me siento absolutamente natural y nada contaminado con el mundo humano, ese que tantas veces tanto mal nos hace en sus distintas facetas.
Es así que el compartir gran parte de mi día ─DE MI VIDA─ con mi perro, y fundamentalmente los atardeceres en el parque, me hace sentir pleno, rearmarme para continuar y seguir adelante, y ser mejor persona, definitivamente.
Por este motivo hoy comparto esta experiencia, que vivo a diario junto a Boro, con quienes lean esta entrada de blog, porque sé que las buenas nuevas siempre hay que compartirlas, porque de nada sirve quedárselas para uno solo y privar quizás a alguien que disfrute, se vea reflejado, o simplemente se alegre de corazón al darse cuenta que hay gente que ─aún hoy en día─ puede disfrutar de la vida con pequeñas, simples y maravillosas cosas de su día a día.

domingo, 13 de marzo de 2016

Nunca, nada ni nadie.

Siempre nos unirán infinidad de cosas a mi Boro y a mí, ya sean momentos, historias compartidas, motivos varios, experiencias, y la vida misma.
Es que nosotros dos vamos muy juntos por la vida. Inseparable es nuestro caminar en este momento del destino que, felizmente, nos ha juntado para ir a la par. Sí, ya sé que es una frase dicha pero no hay nada comparable al hecho de ir juntos a la par; y con Él, nosotros, vamos de esa manera por la vida.
Mi Boro hace que tenga que usar el adjetivo posesivo antes de nombrarlo para de esta manera, haciéndome un mimo, recordar que me pertenece en toda su existencia al igual que, por supuesto, yo también soy suyo por todo lo que dure nuestro transitar acompañándonos mutuamente.
Y ¿qué mejor que sentirse tan pertenecido por y hacia alguien cuando esa pertenencia sólo remite a la pureza, al desinterés, a la fidelidad y en definitiva al amor en su punto más simple?
Puedo asegurarles que hace tiempo he dejado atrás el prurito que hubiese podido sentir otrora al momento de que se me relacione emocionalmente ligado a mi perro ya que he comprendido que este tipo de vínculos sólo puede hacer mella en un pensamiento muy básico, pobre y limitado de quien no sabe apreciar a nadie más que no sea de su clase y especie, motivo por el cual por otro lado tampoco me interesa ser considerado, en ninguna de sus formas, por tales seres.
Como les decía, a mi Boro y a mí no dejan de unirnos diferentes cosas todo el tiempo así que podrán imaginarse que nunca nada ─ni nadie─ va a separarnos.

miércoles, 9 de marzo de 2016

De corazón a corazón. ♥ → ♥

Siempre seré un agradecido por compartir esta etapa de mi vida junto a Boro. Siempre. Agradecido a todo porque no quiero escatimar en agradecimientos.
La incorporación de esta vida de cuatro patas a la mía ha significado mucho más que la compañía que un perro puede ofrecerle a un ser humano. Boro viene a representar todo lo positivo y lo bueno que, dejando a un lado lo material y lo humano, esta vida puede ofrecerme porque cada vez que lo miro, lo abrazo, lo beso o le expreso mi cariño de alguna forma siento que no hay nada, pero absolutamente nada, en esta vida que pueda pagarse ni compararse con estos momentos.
Lo amo con todo mi corazón y al saberme tan amado por Él la felicidad que inunda mi pecho es absoluta. Créanme, absoluta y bien real.
Yo quiero compartir, siempre que pueda, todo lo grandioso que significa poder empaparse de la pureza, la dulzura y la honestidad de un compañero de vida animal para, en cualquier momento, inducir a quien me esté leyendo ─si es que aún no ha sido bendecido con tal fortuna─ a optar por la opción de incorporar a su vida un compañero animal; a su casa, integrándolo definitivamente a su gran o pequeña familia.
Sé que el tiempo compartido junto a Boro jamás se irá de mi corazón, de mi mente, de mi vida. Y si bien espero con todas mis fuerzas y mis ganas que tengamos millones de años por delante juntos ─en esta vida terrenal─ sé que en algún momento esta unión meramente tangible se verá cortada, porque así es la ley de la vida, y es por este motivo que HOY disfruto hasta el hartazgo de tenerlo, de que me tenga, de tenernos, y de ser los más felices sobre esta tierra, Él y yo, gracias al amor y la fidelidad que nos brindamos.
Es una emoción pura mi vida junto al amoroso Boro. No puedo menos que estar eterna y felizmente agradecido al Universo por haber hecho que sea Él quien vino a acompañar mis momentos de soledad y toda mi vida, ya fuese ésta, sola o acompañada.
Éste blog hace honor al vínculo entre mi Boro y yo y es por este motivo que con mayor o menor intensidad las entradas van demostrando de una u otra manera todo esto que muchas veces se vuelve inexplicable con palabras pero que intento transmitir con la mayor fidelidad y pureza posibles como lo haría Él, quizás, si pudiese expresarse con respecto a lo nuestro.
Sepan comprender entonces el posible "rebuscamiento" de algunos párrafos y lean solo con el corazón, por favor, porque en definitiva lo que de ahí sale solo podrá ser entendido cabalmente si por ahí se recibe.

lunes, 7 de marzo de 2016

¿El motivo?

¡¡Qué grande que soy!! ¡¡Y qué feliz me siento!!
¿El motivo?
Bueno, ya se sabe, una imagen vale más que 1000 palabras...



viernes, 4 de marzo de 2016

Mi Boro positivo ─ Mi polo positivo.

Boro y yo tenemos nuestros momentos de tensión, como sucede en todas las familias, por supuesto. Pero estos momentos, a diferencia de los que se dan entre los humanos, son fugaces instantes en los cuales, básicamente yo, por supuesto, expreso alguna frustración mía obtenida en el trato con otros de mi especie, la humana, injustamente sobre Él.
A decir verdad Él jamas tiene una cuota agresiva o de tensión hacia mí, jamás, nunca. Así que debo reformar el comienzo de este relato y decir, ahora sí, que Boro y yo experimentamos en nuestro vínculo alguna que otra tensión, producto de necedades mías y de nadie más.
¡Qué bárbaro que haya querido comenzar esta enterada de blog incluyéndonos a los dos en una forma de ser tan miserable y propia de los seres humanos! ¡Que bárbaro! Afortunadamente pude darme cuenta a tiempo y modificar la idea, dejando la inicial y no borrando nada para expresarme fiel y sinceramente como lo hago siempre en este blog que sólo trata del amor y de la dicha de compartir mi vida junto a Él.
En definitiva, mi Toto es un remedio para todo eso feo y bajo/rastrero que suelo mostrar y expresar, producto de mi esencia básicamente humana, que me ayuda a modificarme constantemente, creciendo y pudiendo ser mejor persona gracias al vínculo que nos une y nos bendice.
Ya lo he dicho alguna vez pero vale repetirlo porque la idea es muy positiva: deseo fervientemente que todas las personas alguna vez, en algún momento de su vida, puedan experimentar la gracia y la enorme felicidad de compartir su vida junto a un animal. Realmente lo deseo, y se lo deseo a todos.
Ya lo ven, una entrada que apuntaba hacia otro lugar terminó modificándose y hablando de algo absolutamente diferente, y es que así suele pasar todo en mi vida junto a Boro: todo lo negativo, como en este caso era el hecho de hablar de las tensiones en nuestro vínculo, se transforma en algo absolutamente luminoso y positivo como termina siendo el deseo de que todas las personas puedan experimentar el amor de compartir la vida junto a un animal en algún momento de sus vidas, valga la redundancia.
Les deseo una vida feliz, junto a un animal, entonces, a todos. Tan feliz como la mía y como lo que representa en mi existencia tener a mi perro a mi lado, siempre, bien cerquita mío.

domingo, 28 de febrero de 2016

¡Lo necesito!

Yo sé que lo único que tengo en esta vida al 100% es a mi perro. Es por eso que también hago (intento al menos) que Él pueda contar conmigo a este nivel.
Porque yo sé que, incondicionalmente, sólo lo tengo a Él, a mi dulce Boro, que siempre estuvo, está y estará cuando lo necesite, es decir, siempre y en todo momento.
Porque a mí todo lo demás, la parafernalia del mercado que es lo que generalmente pueden proveerte quienes no te consideran realmente como uno desea ser tenido en cuenta, a mí eso me tiene sin cuidado, sinceramente. A mí todo lo que sea sobra de tiempo no me llega nunca al corazón ni a lo profundo de mi ser. El tiempo regalado, o simplemente utilizado junto a uno, porque es el tiempo que queda, no me conmueve; al menos cuando siempre se da de esta forma, sin excepciones.
Por eso es que nuevamente necesito declarar todo mi agradecimiento y mi admiración hacia El Perro que acompaña fielmente mi vida desde hace ocho años, desde ese momento en que con apenas 50 o 60 días llegó a mi casa para no separarse nunca más de mí. Él es mi corazón de cuatro patas, ese que siempre va estar feliz de tenerme a su lado no pidiéndome nada cambio y sólo exigiéndome con su naturaleza que yo siga conservando y manteniendo la mía para de esta manera poder los dos, perro y hombre, juntos en este vínculo hermoso que tenemos, ser auténticos y felices siempre.
Siempre es felicidad mi vida junto Él y si de las cosas que junto a Él vivo dependiese todo sería felicidad al 100%. Pero aveces prevalecen las otras cosas, las que nada tienen que ver con Él, y entonces a mí me sirve refugiarme en primera instancia en su afecto y su contención y en segundo lugar en las letras, expresándome y compartiendo, para mí mismo básicamente y para quienes lean esta entrada o todas las que tienen este carácter de catarsis, todo lo que brota de mi interior con cada cosa que vivo a cada instante.
Quiero ser feliz, lo necesito, y quiero que mi perro siempre lo sea también; y fundamentalmente quiero que sólo prime la alegría y el agradecimiento en este blog y en mi vida compartida junto a Boro, más que las otras cosas, las de éste tipo, que me hacen cada tanto recurrir a la búsqueda de esta contención que acabo de expresarles.
Por eso: Gracias porque sé que a partir de ahora, este día, este domingo, estaré mejor, porque escribiendo me he encontrado nuevamente con mi ser, con quien realmente soy, en mi calma y en mi serenidad que son básicamente las que vos, mi amado perrito, me transmitís estando aquí, conmigo. Gracias otra vez, eternamente agradecido. Te amo.

lunes, 22 de febrero de 2016

Pregunta, afortunadamente, sin respuesta.

MUCHAS VECES ME PREGUNTO:
¿qué haría yo sin mi Boro,
al menos qué haría en este momento de mi vida
ya que he vivido gran parte de ésta sin Él
hasta el momento en que decidí sumarlo a mi lado?



Y SIEMPRE LLEGO A LA MISMA RESPUESTA:
El momento bendito de nuestro presente
nos encuentra juntos,
lo pone a Él a mi lado;
y ante tanta dicha no necesito llegar a ninguna otra conclusión
que la de no tener, ni forzar, respuesta alguna
ya que este maravilloso momento actual
colma y rebasa cualquier incertidumbre.
Dicho en otras palabras:
nuestro presente, eterno e infinito,
será siempre la respuesta para todo lo que tenga que ver con
mi Boro y yo.

viernes, 19 de febrero de 2016

Nosotros, juntos.

Nosotros, juntos. Porque juntos no molestamos a nadie y nadie nos molesta.
Nosotros, juntos. Porque juntos somos felices y lo único que nos importa en esta vida es exactamente eso, ser feliz.
Nosotros, juntos. Porque nos conocemos tanto que nadie sabrá qué necesita el otro, como Él y yo, con respecto a nuestro vínculo de pureza y sencillez.
Nosotros, juntos. Porque cuando no lo estamos nos sentimos incompletos, sin hacer mención a que nos extrañamos horrores.
Nosotros, juntos. Porque juntos descubrimos que no se necesita de nada costoso ni imposible para estar plenos y sentirnos bien.
Nosotros, juntos. Porque juntos aprendemos, a cada momento y reflejamos lo mejor de cada uno en los demás.
Nosotros, juntos. Porque juntos es como queremos estar.
Nosotros, juntos. Porque juntos podemos ser nosotros mismos y no debemos estar esperando a nada ni a nadie para ser.
Nosotros, juntos. Porque no somos los primeros que revalorizamos la relación hombre-animal y así fuésemos los únicos seguiríamos así.
Nosotros, juntos. Porque nos tenemos a cada instante sin ningún pretexto o excusa para fallarnos.
Nosotros, juntos. Porque juntos somos Boro y Facu y no un perro o un hombre que andan por la vida sin una certera querencia.
Nosotros, juntos. Porque juntos comenzamos a estar hace ocho años y así seguiremos hasta que la vida nos lo permita.
Nosotros, juntos. Porque nuestro compartir es de las mejores cosas que nos han pasado en la vida.
Nosotros, juntos. Porque juntos es como debemos estar.
Nosotros, juntos. Porque nos amamos.
Nosotros, juntos. Porque la vida es un regalo que hay que aprovechar de la mejor manera y juntos la vivimos de manera especial.
Nosotros, juntos. Porque la plenitud de sentirse acompañado, valorado, admirado, necesitado y amado es algo que viene a colmarnos a los dos en todo lo que cada uno ofrece en este vínculo, pequeño e insignificante para el mundo pero el más enorme y hermoso para Él y para mí.
Por eso: Nosotros, juntos. Sí, bien juntos.

lunes, 8 de febrero de 2016

Quiero dar las gracias.

Podría reflexionar eternamente sobre la vida, de hecho lo hago en la mayoría de las entradas de mi otro blog De todo como en Botica, pero desde hace muchos años, unos ocho aproximadamente, todo mi saldo siempre es positivo por esta belleza que pueden apreciar en la foto, inspirador absoluto de este blog.
Y sí, mi perro, llamado Boro, me ha ganado el corazón de una manera increíble y lo amo tanto que, mientras Él esté a mi lado, siempre todo en nuestra vida juntos estará cubierto de ese bálsamo que yo necesito y Él necesita para vivir todo más completa e intensamente. Para que todo en nuestras horas sea algo lindo, protegido, cuidado y siempre brillante y digno de ser puesto en valor.
Lo amo. Inmenso es mi amor por Él. Es único. Llegó a mi vida para mejorar mi existencia y para demostrarme que todo lo que no sea amor, paseos al sol, mimos y simplicidad no tiene el valor que yo quizás le daba antes de tenerlo compartiendo su vida conmigo.
Y no es que ponga todo en Él para tapar cosas ni nada por el estilo. Tengo bien claro el otro carril, el de la vida "de los humanos", que por supuesto me incluye; pero resulta que puedo considerarme afortunado de poder zambullirme de cabeza al carril que mejor me hace y que más disfruto vivir que es el de la vida pura y simple que solo quienes convivan o hayan convivido con un animal entenderán mejor a qué me refiero.
Y como de las compañías que el ser humano puede tener y disfrutar las dos que más celebro son la de la música y, por supuesto, la (compañía) animal ahora quiero dar las gracias por las canciones (como dice la letra de Thank you for the music, del grupo ABBA) y por los animales, POR MI PERRO, por supuesto.

viernes, 5 de febrero de 2016

Mío, mío, absolutamente mío.


Mi Boro es de lo mejor que me ha pasado en la vida; porque ya se sabe que los hijos, por ejemplo, superan cualquier otra experiencia y relación vivida en la vida de sus padres, y como yo hijos humanos no tengo he decidido tener perro en mi vida y concederle ese lugar tan importante,
motivo por el cual puedo volver a decir que
mi BORO
es de lo mejor que me ha pasado en la vida.

lunes, 1 de febrero de 2016

Y sí, teníamos que regresar...

Estuvimos de vacaciones en el océano, nuestro destino favorito de todos los escenarios naturales que se pueden visitar durante un verano típico, y los 35 días que pasamos entre playas, días soleados y alguno que otro no tanto, cosas ricas, momentos divertidos, tiempos de mimos y tantas otras cosas, fueron y serán inolvidables como cada verano.
Disfrutamos mucho de nadar, de jugar en la arena, de pasear, de arrojar la "Pulpito" (la pelota) al mar -yo- e ir nadando a recogerla -Él-, de caminar, de correr, de sentir cada instante de ese tiempo de relajación y disfrute que ofrece el estar veraneando, y de estar desconectados del mundo de todos los días.
Pero desconectados en serio, a lo grande. Para ello yo me desprendí de todo eso con lo que esta vida moderna me empapa tanto a mí como, por caracter transitivo y por tener que esperarme o vaya a saber que otra cosa a causa de que yo ande "conectado", a mi Boro; y por eso decidí olvidarme de todo lo que a diario me ofrece la conectividad de mi smartphone (Facebook, Twitter y G+ por ejemplo, desinstalando las apps de mi iPhone) y fue así que pude dedicarme todo el mes y días a ser un apreciador de la belleza que la naturaleza me brindó diariamente durante ésta, una de las tantas visitas que hacemos con mi perro y con mi pareja a la costa, específicamente a Mar del Plata, pero esta vez de manera especialmente relajada por ser la de la estadía más prolongada, la del veraneo.
Y fuimos felices los tres, pero Boro especialmente; lo sé, puedo saberlo a ciencia exacta porque lo conozco tanto y es tanto el amor que nos une y nos conecta que muchas veces (podría decir siempre) su felicidad la siento muy dentro mío y puedo yo vibrar a su par.
Y el llegar a Buenos Aires significa, en lo que a nuestra relación y costumbres compartidas tiene que ver, volver a reiniciar como cada año, como cada febrero, nuestras rutinas compartidas de las salidas largas al atardecer por ejemplo, como pueden ver en la foto que ilustra esta entrada de blog; rutinas que no hacen más que seguir estrechando nuestro vínculo y acrecentando nuestra unión inseparable y definitiva que se resume en nuestro amor recíproco e incondicional.
Y aquí estamos ahora entonces, en nuestra cuidad, sin mar es cierto, pero con los mejores recuerdos de unos, nada despreciables, largos días marinos.
Y somos felices, auténtica y sinceramente felices. Y continuamos nuestro camino compartido, felices también y nutriéndonos de todo lo que esta vida nos ofrece a todo momento y de aquello (lo más importante diría yo) que nosotros dos nos ofrecemos y brindamos mutuamente al habernos descubierto como compañeros genuinos y absolutamente necesitados el uno del otro.