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lunes, 18 de mayo de 2015

A Él y a mí.


Ya imagino que no debe importarle a nadie, o al menos a casi nadie. Pero resulta que sí me importa a mí, y también a Él, y por ese motivo pierde cualquier relevancia la contemplación de todo desdén que pudiera representar la lectura de la presente publicación a esta entrada de blog ante "algunos" ojos.

El tema es que amo a mi perro y deseo siempre lo mejor para él. Por eso ante demostraciones que dan cuenta de que se siente (es) feliz yo me siento (soy) tan feliz como Él, y como solo Boro podría hacerme sentir en este contexto de una relación hombre/animal.
Y lo veo caminar delante mío, cuando vamos rumbo al parque, y su andar demuestra claramente que es feliz. Su paso, casi al trote, acompañado del movimiento de su cola que ondea de un lado a otro y su actitud, además de su cara claramente risueña y diáfana, lo pintan de cuerpo entero: UN SER FELIZ.
Y es grande sentir y experimentar cotidianamente esto que les relato, es pleno, es hermoso; motivo por el cual me veo movido a querer compartirlo con ustedes y (a consideración de ponderaciones futuras del estilo que sean mediante) lo hago y me congratulo, me emocionó y transmito toda mi felicidad también; que no es otra felicidad diferente de aquella que viven quienes tienen la bendición de ser amados por un compañero animal en algunas etapas de su vida.

¡¡NUNCA PENSÉ QUE YO PODÍA SER CAPAZ DE AMAR TANTO A UN ANIMAL!!
¡GRACIAS TOTO!
NO TENGO MÁS QUE AGRADECIMIENTO POR TU VIDA EN MI VIDA.

domingo, 8 de septiembre de 2013

Comparto mi tesoro.

Boro vino definitivamente a alegrarme los días, y no porque mis días hubieran estado revestidos de tristeza antes de su llegada sino porque desde que comenzamos a compartir y vivir momentos juntos yo me di cuenta que lo verdaderamente importante es realmente (permítaseme hacer alusión directa al texto de la historia de Antoine de Saint-Exupéry, El Principito) "invisible a los ojos".
Todo cobra otra dimensión cuando se lo pasa por el tamiz del corazón, cuando no se hace ya foco en lo malo y opaco de esta vida como por ejemplo la agresión, la envidia, el enojo, el grito, la maldad y tanta otra cosa fea de la que se hace uso y que viene a deformar el hermoso camino de vivir libre y pacíficamente en este mundo.
Y Boro vino a enseñarme a perder y terminar con todo esto. Él, inconmensurablemente puro y feliz, a la vez que despreocupado y relajado como cualquier otro animal, representa en mi camino esa luz que me muestra que siempre se puede ir por un sendero mejor y más brillante que haga que saque mayor provecho personal mientras lo transito, junto a Él por supuesto, no esperando otra cosa que ser Feliz.
Toto, como lo llamo cariñosamente a mi Boro, es un enorme motivo de felicidad para mi y espero ser yo también algo parecido para Él. Lo amo y su compañía viene a acercarme cada vez más a ese lugar en el que se puede prescindir de todo menos de la necesidad de querer ser siempre mejor, es decir más bueno y sin nada de maldad; una meta constante que cuesta mucho y siempre se está por alcanzar pero que a su vez tanto dignifica en ese metier de alcanzarla.
Por esto, por su infinito valor emocional y afectivo, Boro me hace cada día la persona más feliz que hubiera imaginado ser, y en esta felicidad me expreso, navego, y comparto, haciéndolos partícipes (si les interesa, claro) de tan preciado tesoro. Del de la felicidad hablo, claro, a ese tesoro me refiero; el otro, el de mi Boro, permítanme guardarlo para mi solito.

lunes, 15 de julio de 2013

Siempre los dos.

Pueden pasarnos muchas cosas y podemos tener la fortuna de vivir muchos momentos increíbles y entrañables, junto a personas que valoramos y amamos; pero siempre va a llegar el momento en el que, como siempre, estemos acompañándonos sólo Él y yo, y nadie más que nosotros dos. Compartiendo, Boro y yo, nuestra vida, inseparablemente unidos.
Repito, SIEMPRE LOS DOS.

sábado, 25 de mayo de 2013

¡Es poesía!


Ver una imagen tan dulce, relajada y armoniosa como está
no es otra cosa que poesía.
Mi Boro es un hermoso, bueno y adorable animal.
Lo adoro.

viernes, 3 de mayo de 2013

Sólo mirarlo.

Tenerlo ahí a mi lado, sabiendo que es muy feliz por ser parte de mi vida y que aprecia y valora cada instante que vivimos juntos, es algo inexplicable que me hace extremadamente feliz y me sensibiliza de sobremanera.
Él es tan puro y simple que cada día descubro cosas nuevas en nuestro vínculo que, producto de esa sencillez, van enriqueciéndolo al igual que enriquecen mi vida y nuestra vida en común, adornándola con las más hermosas emociones; esas que yo jamás pude haber imaginado que se generarían en el trato cotidiano con un ser animal y parece que me equivoqué en lo que suponía ya que todo es emoción y belleza junto a Él, junto a Boro. ¡Y qué feliz soy al corroborarlo ahora!
Él transmite e impregna nuestra vida (no sólo la mía) de cosas buenas y cargadas de la mejor energía y del más profundo amor.
Por eso verlo ahí a mi lado, cerquita mío, durmiendo sobre uno de sus ositos de peluche y siendo plenamente feliz hasta en su descanso, me hace una persona llena de tesoros, o mejor dicho de "un" tesoro; de ésos (y acá generalizo) que verdaderamente vale la pena poseer, cuidar y, como lo hago en este blog, compartir.