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domingo, 7 de agosto de 2016

Gratitud por tanto amor recíproco. ♥

Siempre, sea donde sea que nos agarre una foto o nos encontremos con alguien, estaremos juntos. Porque nos necesitamos imperiosamente para ir tranquilos por la vida, siempre juntos.
Para ir tranquilos, decía, sabiéndonos el uno al lado del otro sin ninguna otra preocupación, entonces, que la de ir tranquilos; de que si estamos unidos nada más debe preocuparnos.
El amor que nos tenemos mi Boro y yo es tan importante para nuestras vidas, que es algo así como el motor que a mí, por ejemplo, me hace estar seguro de que nada podrá lastimarme verdaderamente mientras pueda encontrar ese refugio y esa calma que mi espíritu necesita y que obtengo al vincularme con Él. Y para Él, el combustible que lo hace vivir plenamente libre de toda tristeza sintiéndose el ser animal más amado, cuidado y valorado sobre la tierra —aquí conjeturo sobre lo que mi perro puede llegar a sentir; pero de sentir algo no dudo que en esencia, básicamente, esto está sintiendo continuamente.
Y es así. Así estamos y seguiremos estando, unidos eternamente gracias a esta impresionante bendición que tenemos los dos, esa que consiste en sentirnos amados y necesitados por la otra parte sin pedir nada cambio pero dando a la vez todo lo que tenemos, a cada momento, en señal de agradecimiento y gratitud por tanto amor.

martes, 7 de junio de 2016

Los dos estamos más grandes, es cierto, y afuera hace tanto frío..

Tengo que aprender a reconocer los nuevos tiempos de mi Boro adulto, de más de ocho años, que en lugar de salir todo el tiempo a la calle, principalmente en épocas de frío como las que estamos atravesando en estos meses, prefiere seguir durmiendo en el sillón, acurrucado en su almohadón de lana, antes que salir corriendo cuando yo le doy muestras de hacer "movimientos previos a una salida" ─ponerme un abrigo, agarrar la billetera, tomar las llaves de casa, ponerle el collar, etc.─
Es que mi amado Boro, si bien no es un perro viejo, ya está en tiempo de decidir para su vida ese cambio de rutinas, con respecto a las que venimos arrastrando de otros tiempos cuando Él era un cachorro; y si bien debo reconocer que esta transición de etapas me moviliza un poco porque siento que ─como todos en la vida─ va creciendo y haciéndose más y más grande también ésto me hace dar cuenta que mi amor por Él también crece a esa misma ─o mayor─ velocidad.
Es así, yo también crezco pero ya sabemos que la vida canina dista mucho de emparejarse con la longitud de la humana y es ahí donde este tipo de cambios que se van dando sobre las necesidades e improntas del animal son marcadas y me llevan a la reflexión.
Que yo espero tenernos muchísimos años más y disfrutarnos y amarnos como lo venimos haciendo hasta ahora, de eso no hay dudas y no dudo que así será. Nosotros dos, mi Boro y yo, nos necesitamos y tenemos que nutrirnos uno del otro todavía mucho tiempo más para que cuando, algún día lejano, debamos separarnos en este camino terrenal, podamos hacerlo sin reclamar nada a nadie ni a nada porque fue nuestro tiempo un inmejorable momento que pudo ser disfrutado hasta el arrobamiento y por eso solo asumir la postura de agradecer por tal motivo. 
Los dos estamos más grandes, es cierto, y afuera hace tanto frío...

viernes, 25 de marzo de 2016

Él me motiva.

Yo me motivo a escribir especialmente cuando estoy con mi perro en el parque.
Esos anocheceres que paso junto a mi hijo del corazón ─yo tirado en el pasto mientras Él anda husmeando e investigando todo el lugar─ son los mejores momentos del día que tengo y que aprovecho de la manera que surjan, a veces escribiendo, otras simplemente contemplando el lugar y mirando a mi Boro, y otras haciendo absolutamente nada ─pero nada de nada, en serio─ vegetando en el parque, olvidado de todo lo que acontece y me rodea, y cargando mis energías, por supuesto, con esta modalidad off que asumo.
Pero si hay algo que sucede en estos momentos vividos en el parque que hace que logre una total armonía y serenidad en mi cuerpo, en mi mente, en mi corazón, en mi alma y en mi espíritu ─fortaleciéndome por sobre cualquier herida que haya provocado en mí un avatar con el que haya tenido que enfrentarme en algún momento del día o de la semana─ es que me siento absolutamente natural y nada contaminado con el mundo humano, ese que tantas veces tanto mal nos hace en sus distintas facetas.
Es así que el compartir gran parte de mi día ─DE MI VIDA─ con mi perro, y fundamentalmente los atardeceres en el parque, me hace sentir pleno, rearmarme para continuar y seguir adelante, y ser mejor persona, definitivamente.
Por este motivo hoy comparto esta experiencia, que vivo a diario junto a Boro, con quienes lean esta entrada de blog, porque sé que las buenas nuevas siempre hay que compartirlas, porque de nada sirve quedárselas para uno solo y privar quizás a alguien que disfrute, se vea reflejado, o simplemente se alegre de corazón al darse cuenta que hay gente que ─aún hoy en día─ puede disfrutar de la vida con pequeñas, simples y maravillosas cosas de su día a día.

domingo, 13 de marzo de 2016

Nunca, nada ni nadie.

Siempre nos unirán infinidad de cosas a mi Boro y a mí, ya sean momentos, historias compartidas, motivos varios, experiencias, y la vida misma.
Es que nosotros dos vamos muy juntos por la vida. Inseparable es nuestro caminar en este momento del destino que, felizmente, nos ha juntado para ir a la par. Sí, ya sé que es una frase dicha pero no hay nada comparable al hecho de ir juntos a la par; y con Él, nosotros, vamos de esa manera por la vida.
Mi Boro hace que tenga que usar el adjetivo posesivo antes de nombrarlo para de esta manera, haciéndome un mimo, recordar que me pertenece en toda su existencia al igual que, por supuesto, yo también soy suyo por todo lo que dure nuestro transitar acompañándonos mutuamente.
Y ¿qué mejor que sentirse tan pertenecido por y hacia alguien cuando esa pertenencia sólo remite a la pureza, al desinterés, a la fidelidad y en definitiva al amor en su punto más simple?
Puedo asegurarles que hace tiempo he dejado atrás el prurito que hubiese podido sentir otrora al momento de que se me relacione emocionalmente ligado a mi perro ya que he comprendido que este tipo de vínculos sólo puede hacer mella en un pensamiento muy básico, pobre y limitado de quien no sabe apreciar a nadie más que no sea de su clase y especie, motivo por el cual por otro lado tampoco me interesa ser considerado, en ninguna de sus formas, por tales seres.
Como les decía, a mi Boro y a mí no dejan de unirnos diferentes cosas todo el tiempo así que podrán imaginarse que nunca nada ─ni nadie─ va a separarnos.

miércoles, 9 de marzo de 2016

De corazón a corazón. ♥ → ♥

Siempre seré un agradecido por compartir esta etapa de mi vida junto a Boro. Siempre. Agradecido a todo porque no quiero escatimar en agradecimientos.
La incorporación de esta vida de cuatro patas a la mía ha significado mucho más que la compañía que un perro puede ofrecerle a un ser humano. Boro viene a representar todo lo positivo y lo bueno que, dejando a un lado lo material y lo humano, esta vida puede ofrecerme porque cada vez que lo miro, lo abrazo, lo beso o le expreso mi cariño de alguna forma siento que no hay nada, pero absolutamente nada, en esta vida que pueda pagarse ni compararse con estos momentos.
Lo amo con todo mi corazón y al saberme tan amado por Él la felicidad que inunda mi pecho es absoluta. Créanme, absoluta y bien real.
Yo quiero compartir, siempre que pueda, todo lo grandioso que significa poder empaparse de la pureza, la dulzura y la honestidad de un compañero de vida animal para, en cualquier momento, inducir a quien me esté leyendo ─si es que aún no ha sido bendecido con tal fortuna─ a optar por la opción de incorporar a su vida un compañero animal; a su casa, integrándolo definitivamente a su gran o pequeña familia.
Sé que el tiempo compartido junto a Boro jamás se irá de mi corazón, de mi mente, de mi vida. Y si bien espero con todas mis fuerzas y mis ganas que tengamos millones de años por delante juntos ─en esta vida terrenal─ sé que en algún momento esta unión meramente tangible se verá cortada, porque así es la ley de la vida, y es por este motivo que HOY disfruto hasta el hartazgo de tenerlo, de que me tenga, de tenernos, y de ser los más felices sobre esta tierra, Él y yo, gracias al amor y la fidelidad que nos brindamos.
Es una emoción pura mi vida junto al amoroso Boro. No puedo menos que estar eterna y felizmente agradecido al Universo por haber hecho que sea Él quien vino a acompañar mis momentos de soledad y toda mi vida, ya fuese ésta, sola o acompañada.
Éste blog hace honor al vínculo entre mi Boro y yo y es por este motivo que con mayor o menor intensidad las entradas van demostrando de una u otra manera todo esto que muchas veces se vuelve inexplicable con palabras pero que intento transmitir con la mayor fidelidad y pureza posibles como lo haría Él, quizás, si pudiese expresarse con respecto a lo nuestro.
Sepan comprender entonces el posible "rebuscamiento" de algunos párrafos y lean solo con el corazón, por favor, porque en definitiva lo que de ahí sale solo podrá ser entendido cabalmente si por ahí se recibe.

lunes, 7 de marzo de 2016

¿El motivo?

¡¡Qué grande que soy!! ¡¡Y qué feliz me siento!!
¿El motivo?
Bueno, ya se sabe, una imagen vale más que 1000 palabras...



viernes, 4 de marzo de 2016

Mi Boro positivo ─ Mi polo positivo.

Boro y yo tenemos nuestros momentos de tensión, como sucede en todas las familias, por supuesto. Pero estos momentos, a diferencia de los que se dan entre los humanos, son fugaces instantes en los cuales, básicamente yo, por supuesto, expreso alguna frustración mía obtenida en el trato con otros de mi especie, la humana, injustamente sobre Él.
A decir verdad Él jamas tiene una cuota agresiva o de tensión hacia mí, jamás, nunca. Así que debo reformar el comienzo de este relato y decir, ahora sí, que Boro y yo experimentamos en nuestro vínculo alguna que otra tensión, producto de necedades mías y de nadie más.
¡Qué bárbaro que haya querido comenzar esta enterada de blog incluyéndonos a los dos en una forma de ser tan miserable y propia de los seres humanos! ¡Que bárbaro! Afortunadamente pude darme cuenta a tiempo y modificar la idea, dejando la inicial y no borrando nada para expresarme fiel y sinceramente como lo hago siempre en este blog que sólo trata del amor y de la dicha de compartir mi vida junto a Él.
En definitiva, mi Toto es un remedio para todo eso feo y bajo/rastrero que suelo mostrar y expresar, producto de mi esencia básicamente humana, que me ayuda a modificarme constantemente, creciendo y pudiendo ser mejor persona gracias al vínculo que nos une y nos bendice.
Ya lo he dicho alguna vez pero vale repetirlo porque la idea es muy positiva: deseo fervientemente que todas las personas alguna vez, en algún momento de su vida, puedan experimentar la gracia y la enorme felicidad de compartir su vida junto a un animal. Realmente lo deseo, y se lo deseo a todos.
Ya lo ven, una entrada que apuntaba hacia otro lugar terminó modificándose y hablando de algo absolutamente diferente, y es que así suele pasar todo en mi vida junto a Boro: todo lo negativo, como en este caso era el hecho de hablar de las tensiones en nuestro vínculo, se transforma en algo absolutamente luminoso y positivo como termina siendo el deseo de que todas las personas puedan experimentar el amor de compartir la vida junto a un animal en algún momento de sus vidas, valga la redundancia.
Les deseo una vida feliz, junto a un animal, entonces, a todos. Tan feliz como la mía y como lo que representa en mi existencia tener a mi perro a mi lado, siempre, bien cerquita mío.

domingo, 28 de febrero de 2016

¡Lo necesito!

Yo sé que lo único que tengo en esta vida al 100% es a mi perro. Es por eso que también hago (intento al menos) que Él pueda contar conmigo a este nivel.
Porque yo sé que, incondicionalmente, sólo lo tengo a Él, a mi dulce Boro, que siempre estuvo, está y estará cuando lo necesite, es decir, siempre y en todo momento.
Porque a mí todo lo demás, la parafernalia del mercado que es lo que generalmente pueden proveerte quienes no te consideran realmente como uno desea ser tenido en cuenta, a mí eso me tiene sin cuidado, sinceramente. A mí todo lo que sea sobra de tiempo no me llega nunca al corazón ni a lo profundo de mi ser. El tiempo regalado, o simplemente utilizado junto a uno, porque es el tiempo que queda, no me conmueve; al menos cuando siempre se da de esta forma, sin excepciones.
Por eso es que nuevamente necesito declarar todo mi agradecimiento y mi admiración hacia El Perro que acompaña fielmente mi vida desde hace ocho años, desde ese momento en que con apenas 50 o 60 días llegó a mi casa para no separarse nunca más de mí. Él es mi corazón de cuatro patas, ese que siempre va estar feliz de tenerme a su lado no pidiéndome nada cambio y sólo exigiéndome con su naturaleza que yo siga conservando y manteniendo la mía para de esta manera poder los dos, perro y hombre, juntos en este vínculo hermoso que tenemos, ser auténticos y felices siempre.
Siempre es felicidad mi vida junto Él y si de las cosas que junto a Él vivo dependiese todo sería felicidad al 100%. Pero aveces prevalecen las otras cosas, las que nada tienen que ver con Él, y entonces a mí me sirve refugiarme en primera instancia en su afecto y su contención y en segundo lugar en las letras, expresándome y compartiendo, para mí mismo básicamente y para quienes lean esta entrada o todas las que tienen este carácter de catarsis, todo lo que brota de mi interior con cada cosa que vivo a cada instante.
Quiero ser feliz, lo necesito, y quiero que mi perro siempre lo sea también; y fundamentalmente quiero que sólo prime la alegría y el agradecimiento en este blog y en mi vida compartida junto a Boro, más que las otras cosas, las de éste tipo, que me hacen cada tanto recurrir a la búsqueda de esta contención que acabo de expresarles.
Por eso: Gracias porque sé que a partir de ahora, este día, este domingo, estaré mejor, porque escribiendo me he encontrado nuevamente con mi ser, con quien realmente soy, en mi calma y en mi serenidad que son básicamente las que vos, mi amado perrito, me transmitís estando aquí, conmigo. Gracias otra vez, eternamente agradecido. Te amo.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Domingo, tipo 7:30 pm.

Este atardecer de domingo me permite reflexionar. Algo que por cierto hago a diario y sin importar el día o el lugar; pero convengamos que por estas horas de este día particular de la semana algunas cosas salen más fluidamente.
Y así vamos, como cada atardecer desde hace casi 8 años, mi perro y yo, sabiendo que poco puede importarnos el resto si tenemos en claro que nos tenemos y nos seguiremos teniendo el uno al otro como lo venimos haciendo hasta ahora incondicionalmente (hace tiempo asumí que Él también siente y sabe todo esto en su interior, al igual que yo, y por tal motivo por eso lo incluyo diciendo "tenemos en claro").
La vida nos va ofreciendo diferentes días y no hay condiciones sine qua non para que algunos sean mejores o peores que otros; por lo tanto los fines de semana (largos o no) pueden resultar brillantes como también horribles, y esto es todo parte de lo mismo, de la vida y de sus diferentes presentaciones, según los días.
Por eso me refugio en Él, en mi perrito, y en cada cosa que hacemos juntos sabiendo que son los momentos compartidos entre nosotros dos los que mejor me hacen al cuerpo, al alma y a mí espíritu; y por supuesto que a Él también.
Porque a veces me aflijo por cuestiones que nos exceden y entonces, afortunadamente, cuando logro darme cuenta del tiempo que no vuelve y que estoy desperdiciando, sumiéndome en estados tan tristes y penosos, automáticamente vuelvo a sentir todo lo que genera mi perro en mí y no puedo terminar haciendo otra cosa que alegrarme, sentirme bendecido y agradecido, y siendo feliz, sin duda alguna. Lo juro.
Así lo hago porque no me gusta ser un Ser desagradecido e injusto, más teniendo en cuenta todas las bondades que la vida me ha dado para ser feliz.
Bondades, para ponerle un nombre general a todo lo hermoso que pasa a diario en mi existencia, que quizás algunos podrían ver cómo pequeñas o insignificantes pero que son las que yo necesito para ser feliz. Solo esas y ningunas otras cosas que quizás hagan más ruido o encandilen si se las exhibiese en comparación con las que a mí me ayudan a ser un Ser FELIZ.
Y no está escrito, pero ya es un hecho, que cada uno tiene la receta exclusiva para su felicidad, como también que esa receta será óptima si no afecta en forma perjudicial a otros en pos de lograr alcanzarla.
Y ya se sabe que la felicidad es diaria, casi instantánea podría decirse, y por eso nunca vamos a llegar a la meta que nos permita descansar y tirarnos a disfrutarla plácidamente porque va a ser menester de cada segundo de nuestro camino, solitario o en compañía, continuar buscándola.
Yo, o mejor dicho nosotros, mi Boro y yo, ya encontramos la fórmula y seguimos la receta aplicadamente para no desperdiciar ni un solo minuto de nuestra vida, individual y compartida, en otra cosa que no sea ser genuinamente felices. Lo demás, eso que va por otro carril diferente con respecto a la vida soñada que nos construimos Toto y yo (aunque dé risa, quizás llame a la burla o genere lo que genere en quien me lea ahora: es soñada y absolutamente feliz) eso será manejable, esquivable, ignorable, o felizmente recibido, según se vaya dando; pero al día de hoy la vamos llevando muy bien El Toto y yo, y somos felices. Después, todo lo demás no importa. ♥