domingo, 11 de diciembre de 2016

¡Jajajaja!

¡Y pensar que alguna vez
alguien me dijo
que mi mundo era pobre y acotado,
por limitarse ─en gran parte─ al amor hacia mi perro,
hacia mi Boro, no mucho más,
y no tener esas "aspiraciones materialistas"
que todo el mundo tiene!

lunes, 19 de septiembre de 2016

Hoy, en el día de mi cumpleaños...

Tengo la fortuna de tener en mi vida a Boro y eso ya lo dice todo; para mí lo dice todo, claro, pero entiendo que si no deseo que esto quede solo en mí, y que por el contrario se extienda a cuantas más personas sea posible (y que todas estas personas lo entiendan), debo fundamentar un poco al menos mi expresión.
Mi compañero canino es un ángel que vive para darme su amor y su entrega absoluta a pesar de todos los obstáculos que yo, como ser humano en esencia, le pueda poner en el camino de nuestra convivencia.
Yo entendí que El vive por mí y para mí, puesto que hemos llegado a un punto en nuestro compartir en el que tanto nos conocemos y amamos, que yo sé que Él cambiaría todo (si tuviese que elegir y pudiera expresarlo formalmente) por mí, y esto incluye paseos, parques, perritos y perritas con quienes socializar, y hasta comer y hacer cualquier acto básico de subsistencia. No me enorgullece esto, en definitiva, porque sé que si yo le faltara Él no haría nada más para seguir adelante porque es tal la dependencia que tiene por parte de mi ser que solo puede disfrutar de algo más (sea lo que sea) si estoy yo a su lado o me sabe "por ahí", cerquita.
Y en lo que a mí respecta soy un dependiente absoluto y consciente de mi perro ahora que sé que puedo y que es el momento para poner en práctica este absoluto apego que se acerca (podría decir sin miedo a equivocarme: que se iguala) al de cualquier persona ─cualquier padre─ con su hijo, es decir con un ser de su familia que está bajo su cuidado y depende de él, y principalmente de su amor y de su protección, para ser feliz y desarrollarse plenamente.
Por eso, ahora que nos tenemos, y que juntos vamos por la vida disfrutándonos sin ningún reparo ni limitación, siento que soy bendecido diariamente con este regalo, para mí el más hermoso y valioso de todos los que pudiera recibir, que me ha sido dado, y que hoy, día de mi cumpleaños ─dicho con total sinceridad─, no me hace esperar ni desear recibir algo específico porque se que si bien todo será agradecido de corazón yo ya tengo el presente que más quiero y necesito. ♥

domingo, 7 de agosto de 2016

Gratitud por tanto amor recíproco. ♥

Siempre, sea donde sea que nos agarre una foto o nos encontremos con alguien, estaremos juntos. Porque nos necesitamos imperiosamente para ir tranquilos por la vida, siempre juntos.
Para ir tranquilos, decía, sabiéndonos el uno al lado del otro sin ninguna otra preocupación, entonces, que la de ir tranquilos; de que si estamos unidos nada más debe preocuparnos.
El amor que nos tenemos mi Boro y yo es tan importante para nuestras vidas, que es algo así como el motor que a mí, por ejemplo, me hace estar seguro de que nada podrá lastimarme verdaderamente mientras pueda encontrar ese refugio y esa calma que mi espíritu necesita y que obtengo al vincularme con Él. Y para Él, el combustible que lo hace vivir plenamente libre de toda tristeza sintiéndose el ser animal más amado, cuidado y valorado sobre la tierra —aquí conjeturo sobre lo que mi perro puede llegar a sentir; pero de sentir algo no dudo que en esencia, básicamente, esto está sintiendo continuamente.
Y es así. Así estamos y seguiremos estando, unidos eternamente gracias a esta impresionante bendición que tenemos los dos, esa que consiste en sentirnos amados y necesitados por la otra parte sin pedir nada cambio pero dando a la vez todo lo que tenemos, a cada momento, en señal de agradecimiento y gratitud por tanto amor.

miércoles, 8 de junio de 2016

​ ¡Qué otra cosa puedo hacer!

Hoy mi felicidad me lleva a escribir nuevamente estas líneas para Él, el dueño de este blog, ¿quién más sino?
Y es que mi amor hacia Boro, y el que puedo asegurar que siento de Él hacia mí, es tan enorme y tan luminoso que siempre viene a determinar mi ser como el de un privilegiado que no puede hacer otra cosa que no sea abrazar esta felicidad que lo —me— envuelve por completo.
Nunca me cansaré de agradecer, y de gritar y volver a gritar ─hacer esto, desde el hecho de crear un blog para comentar la dicha de compartir mi vida junto a mi perro, así como otras tantas expresiones que hago acerca de este hecho son un grito que voy a seguir dando en el mejor sentido de su significado— mi completa satisfacción por haber reparado en el amor de los animales, específicamente de los perros, como ese bálsamo y fortalecedor mágico que yo podía estar necesitando ante cualquier situación que me tocase afrontar en la vida.
Y afortunadamente tuve la feliz idea de contemplar esta posibilidad de vivir con un perro y es por ello que la vida me ha premiado con el mejor de los regalos que disfruto y celebro cada día: éste tenernos incondicionalmente el uno al otro.
Así, sin más, esto es mi vida gracias a mi perro, un camino que sólo sabe de amor y fidelidad y que nunca, pero absolutamente nunca, pasa malos momentos, de tristeza, enojo, rencor, o algún otro tipo de esos sentires feos y mezquinos.
Entonces: ¡qué otra cosa que agradecer el hecho de ser un hombre feliz —sabiendo que tengo a mi lado a un perro feliz— que no cesar ni un instante de comentarlo, proclamarlo, y compartirlo con todos ustedes!

martes, 7 de junio de 2016

Los dos estamos más grandes, es cierto, y afuera hace tanto frío..

Tengo que aprender a reconocer los nuevos tiempos de mi Boro adulto, de más de ocho años, que en lugar de salir todo el tiempo a la calle, principalmente en épocas de frío como las que estamos atravesando en estos meses, prefiere seguir durmiendo en el sillón, acurrucado en su almohadón de lana, antes que salir corriendo cuando yo le doy muestras de hacer "movimientos previos a una salida" ─ponerme un abrigo, agarrar la billetera, tomar las llaves de casa, ponerle el collar, etc.─
Es que mi amado Boro, si bien no es un perro viejo, ya está en tiempo de decidir para su vida ese cambio de rutinas, con respecto a las que venimos arrastrando de otros tiempos cuando Él era un cachorro; y si bien debo reconocer que esta transición de etapas me moviliza un poco porque siento que ─como todos en la vida─ va creciendo y haciéndose más y más grande también ésto me hace dar cuenta que mi amor por Él también crece a esa misma ─o mayor─ velocidad.
Es así, yo también crezco pero ya sabemos que la vida canina dista mucho de emparejarse con la longitud de la humana y es ahí donde este tipo de cambios que se van dando sobre las necesidades e improntas del animal son marcadas y me llevan a la reflexión.
Que yo espero tenernos muchísimos años más y disfrutarnos y amarnos como lo venimos haciendo hasta ahora, de eso no hay dudas y no dudo que así será. Nosotros dos, mi Boro y yo, nos necesitamos y tenemos que nutrirnos uno del otro todavía mucho tiempo más para que cuando, algún día lejano, debamos separarnos en este camino terrenal, podamos hacerlo sin reclamar nada a nadie ni a nada porque fue nuestro tiempo un inmejorable momento que pudo ser disfrutado hasta el arrobamiento y por eso solo asumir la postura de agradecer por tal motivo. 
Los dos estamos más grandes, es cierto, y afuera hace tanto frío...

jueves, 2 de junio de 2016

domingo, 1 de mayo de 2016

La certeza de tenernos siempre ahí.

Escribo esto con la emoción a flor de piel. ¿Por qué? Porque amo a mi Boro y ése es motivo suficuente para sentirme así. Dicho esto, les cuento que para mí con ver caer la tarde cada día teniendo a mi lado a mi querido perro, alcanza.
Puedo garantizarles que nada tiene más importancia, al menos en esta etapa de mi vida, que verlo feliz a Él y sentir que, por estar junto a mí, compartiendo su vida, no tiene más que saberse el más amado.
Es tan bueno, éste hijo mío del corazón, y es tan inmenso todo lo que Él me da cada día con su presencia y su amor, que no puedo menos que desearle la felicidad más pura y absoluta en todo momento y con todo mi corazón, como muestra de agradecimiento por ser así.
Yo lo amo y Él me ama, y nuestro amor y compañía nos ayudan a ser cada día felices no aspirando a otra cosa que a la plena vida del otro.
Yo pienso que no habría tanta tristeza en el mundo si todos "los tristes" experimentaran la compañía de un animal, fundamentalmente de un perro, que, habiendo llegado a ser domesticado a niveles extremos pudiendo integrarse a la vida humana y haciendo de ambas vidas ─la animal y la humana─ una mejor experiencia sin lugar a dudas, ha llegado a ser de los mejores bálsamos y energizante naturales para esta humanidad tan "enloquecida y entristecida".
Y aquí lo ven, durmiendo en absoluta tranquilidad por saberse cuidado por mí, teniéndome a su lado siempre y pudiendo descansar sin temor a que yo no esté ahí, por tener la certeza de que lo estoy cuidando y amando a cada instante. Algo que es descontado que también hace Él conmigo a cada segundo.
Y así somos y así vamos por esta vida cada día, disfrutándonos y celebrando el hecho de tenernos continuamente.

miércoles, 27 de abril de 2016

Volvimos a esa placita diferente.

En un instante de ese domingo, de regreso en
la pequeña Plaza Cataluña.
Este atardecer del domingo pasado, 24 de abril de 2016, volvimos después de más de un año a una plaza pequeña ubicada a la vera de la avenida 9 de Julio, en Buenos Aires, nuestra ciudad, mi Boro y yo.
Y regresamos, luego de transcurrido tanto tiempo de no visitarla, porque entre molestias a la patita de Toto que el año pasado se hicieron frecuentes ─luego de un veraneo en el que forzó por demás su rodilla derecha─, fiaca para llegarnos hasta este lugar que queda a más de 20 cuadras de casa, costumbres que se van modificado temporalmente con respecto al camino elegido a recorrer en nuestras salidas diarias (las que hacemos cada atardecer/anochecer Él y yo), y algunos otros componentes de "éste no visitar" la pequeña Plaza Cataluña, porque se ve que sentimos ganas de hacerlo y una cosa fue llevando a la otra hasta que en determinado momento ya estaba todo dado para acercarnos hasta ahí.
A Boro le encanta este recorrido que nos aleja de todo y nos ubica en esta plaza en la que, por estar ─repito─ pegada a la avenida más ancha del mundo siendo a la vez ésta (la plaza) tan pequeña, uno experimenta al estar en ella que se encuentra en algo así como un pedacito de tierra que es ajeno a la ciudad, y a las calles y avenidas que la circundan, quedando suspendida (el lateral que da hacia la 9 de Julio queda elevado sobre una ladera pequeña, pero superior en altura con respecto a la avenida, al fin) y siendo, al menos para nosotros (para mí y, al sentir todo tan a la par con mi perro, asumiría que para Él también), un recinto especial y diferente al resto de plazas, parques y lugares de nuestra ciudad.
Y este domingo pasado, volvimos. Y lo disfrutamos porque sabemos que hace tiempo que deberíamos habernos acercado a este lugar, aunque por motivos ya comentados, y otros que ni siquiera nosotros imaginamos, estuvimos retrasando bastante este momento.
Momento especial, por cierto, como todos los que vivimos juntos mi perro y yo. Por tal motivo quise compartirlo con quienes lean esta entrada de blog, o mejor dicho quisimos compartirlo, porque este blog es de Boro y yo solo oficio de mero puente o intermediario entre 
Él ─el protagonista y rey de este sitio web─ y quienes por aquí pasen, lean y disfruten de nuestra vida compartida y reflejada en estas letras.
Espero que disfruten entonces, con la lectura de este momento de nuestras vidas juntas, al menos una pizca de lo que hemos disfrutado Boro y yo esa tarde de domingo de otoño. También, como siempre, juntos.

viernes, 25 de marzo de 2016

Él me motiva.

Yo me motivo a escribir especialmente cuando estoy con mi perro en el parque.
Esos anocheceres que paso junto a mi hijo del corazón ─yo tirado en el pasto mientras Él anda husmeando e investigando todo el lugar─ son los mejores momentos del día que tengo y que aprovecho de la manera que surjan, a veces escribiendo, otras simplemente contemplando el lugar y mirando a mi Boro, y otras haciendo absolutamente nada ─pero nada de nada, en serio─ vegetando en el parque, olvidado de todo lo que acontece y me rodea, y cargando mis energías, por supuesto, con esta modalidad off que asumo.
Pero si hay algo que sucede en estos momentos vividos en el parque que hace que logre una total armonía y serenidad en mi cuerpo, en mi mente, en mi corazón, en mi alma y en mi espíritu ─fortaleciéndome por sobre cualquier herida que haya provocado en mí un avatar con el que haya tenido que enfrentarme en algún momento del día o de la semana─ es que me siento absolutamente natural y nada contaminado con el mundo humano, ese que tantas veces tanto mal nos hace en sus distintas facetas.
Es así que el compartir gran parte de mi día ─DE MI VIDA─ con mi perro, y fundamentalmente los atardeceres en el parque, me hace sentir pleno, rearmarme para continuar y seguir adelante, y ser mejor persona, definitivamente.
Por este motivo hoy comparto esta experiencia, que vivo a diario junto a Boro, con quienes lean esta entrada de blog, porque sé que las buenas nuevas siempre hay que compartirlas, porque de nada sirve quedárselas para uno solo y privar quizás a alguien que disfrute, se vea reflejado, o simplemente se alegre de corazón al darse cuenta que hay gente que ─aún hoy en día─ puede disfrutar de la vida con pequeñas, simples y maravillosas cosas de su día a día.

domingo, 13 de marzo de 2016

Nunca, nada ni nadie.

Siempre nos unirán infinidad de cosas a mi Boro y a mí, ya sean momentos, historias compartidas, motivos varios, experiencias, y la vida misma.
Es que nosotros dos vamos muy juntos por la vida. Inseparable es nuestro caminar en este momento del destino que, felizmente, nos ha juntado para ir a la par. Sí, ya sé que es una frase dicha pero no hay nada comparable al hecho de ir juntos a la par; y con Él, nosotros, vamos de esa manera por la vida.
Mi Boro hace que tenga que usar el adjetivo posesivo antes de nombrarlo para de esta manera, haciéndome un mimo, recordar que me pertenece en toda su existencia al igual que, por supuesto, yo también soy suyo por todo lo que dure nuestro transitar acompañándonos mutuamente.
Y ¿qué mejor que sentirse tan pertenecido por y hacia alguien cuando esa pertenencia sólo remite a la pureza, al desinterés, a la fidelidad y en definitiva al amor en su punto más simple?
Puedo asegurarles que hace tiempo he dejado atrás el prurito que hubiese podido sentir otrora al momento de que se me relacione emocionalmente ligado a mi perro ya que he comprendido que este tipo de vínculos sólo puede hacer mella en un pensamiento muy básico, pobre y limitado de quien no sabe apreciar a nadie más que no sea de su clase y especie, motivo por el cual por otro lado tampoco me interesa ser considerado, en ninguna de sus formas, por tales seres.
Como les decía, a mi Boro y a mí no dejan de unirnos diferentes cosas todo el tiempo así que podrán imaginarse que nunca nada ─ni nadie─ va a separarnos.

miércoles, 9 de marzo de 2016

De corazón a corazón. ♥ → ♥

Siempre seré un agradecido por compartir esta etapa de mi vida junto a Boro. Siempre. Agradecido a todo porque no quiero escatimar en agradecimientos.
La incorporación de esta vida de cuatro patas a la mía ha significado mucho más que la compañía que un perro puede ofrecerle a un ser humano. Boro viene a representar todo lo positivo y lo bueno que, dejando a un lado lo material y lo humano, esta vida puede ofrecerme porque cada vez que lo miro, lo abrazo, lo beso o le expreso mi cariño de alguna forma siento que no hay nada, pero absolutamente nada, en esta vida que pueda pagarse ni compararse con estos momentos.
Lo amo con todo mi corazón y al saberme tan amado por Él la felicidad que inunda mi pecho es absoluta. Créanme, absoluta y bien real.
Yo quiero compartir, siempre que pueda, todo lo grandioso que significa poder empaparse de la pureza, la dulzura y la honestidad de un compañero de vida animal para, en cualquier momento, inducir a quien me esté leyendo ─si es que aún no ha sido bendecido con tal fortuna─ a optar por la opción de incorporar a su vida un compañero animal; a su casa, integrándolo definitivamente a su gran o pequeña familia.
Sé que el tiempo compartido junto a Boro jamás se irá de mi corazón, de mi mente, de mi vida. Y si bien espero con todas mis fuerzas y mis ganas que tengamos millones de años por delante juntos ─en esta vida terrenal─ sé que en algún momento esta unión meramente tangible se verá cortada, porque así es la ley de la vida, y es por este motivo que HOY disfruto hasta el hartazgo de tenerlo, de que me tenga, de tenernos, y de ser los más felices sobre esta tierra, Él y yo, gracias al amor y la fidelidad que nos brindamos.
Es una emoción pura mi vida junto al amoroso Boro. No puedo menos que estar eterna y felizmente agradecido al Universo por haber hecho que sea Él quien vino a acompañar mis momentos de soledad y toda mi vida, ya fuese ésta, sola o acompañada.
Éste blog hace honor al vínculo entre mi Boro y yo y es por este motivo que con mayor o menor intensidad las entradas van demostrando de una u otra manera todo esto que muchas veces se vuelve inexplicable con palabras pero que intento transmitir con la mayor fidelidad y pureza posibles como lo haría Él, quizás, si pudiese expresarse con respecto a lo nuestro.
Sepan comprender entonces el posible "rebuscamiento" de algunos párrafos y lean solo con el corazón, por favor, porque en definitiva lo que de ahí sale solo podrá ser entendido cabalmente si por ahí se recibe.